sábado, 19 de julio de 2008

Lenguas

Compartir una lengua está bien. Por ejemplo a un guatemalteco le permite ver por cable y entender El Gran Prix de TVE, la mecánica del concurso de las vaquillas, el enfrentamiento entre pueblos de España (confesión de una monitora chapina hace unos días); o a un español disfrutar de las letras de Ricardo Arjona. (He puesto dos magníficos ejemplos como todos Vds. están pensando. Gracias, gracias.)


Pero pensar que porque en algunos sitios de un territorio en el que existe una lengua común, la existencia de otras minoritarias suponga una amenaza para ésta es un miedo en muchas ocasiones infundado. Este miedo está muy extendido por la geografía española. El erróneo concepto de 1 estado = 1 lengua es inobjetable para muchos, sin pararse a pensar en qué ocurre en Suiza, en Bélgica o en Luxemburgo. En mi propia familia hay quien ve el catalán o el euskera con un rechazo irracional. El tema de los cartelitos es el primero que les viene a la cabeza para que incluso algunos se nieguen a volver a visitar determinadas regiones. "Fuimos hace 20 años a Cataluña y ponía en la carretera Lleida en vez de Lérida, ¡qué vergüenza!".

Llevo unos años visitando Cataluña con asiduidad y si he tenido algún problema con el idioma ha sido el mismo que tengo con el carácter de los camareros toledanos. Porque como decía algún intelectual de mi pueblo "ejque siempre tiene que haber un gilipollas". Y si en la educación pública se ha establecido que la lengua vehicular sea el catalán me parece muy bien, como aquí lo es el tzutujil y no pasa nada.

Me parece muy interesante lo que dice Joan Garí en un artículo, rebatiendo el argumento del Manifiesto por la Lengua Común de que debe primar el derecho individual a elegir:
"Elegir es escoger. Y se escoge entre una o más cosas (o personas). No se puede escoger si sólo hay una cosa en perspectiva. En el caso de los idiomas, es evidente: yo puedo escoger, en Cataluña (o en Baleares, o en Valencia), entre castellano y catalán, siempre y cuando esté alfabetizado en ambos idiomas. Si sólo sé castellano, pongamos por caso, no escojo en realidad: la lengua –mi única lengua– me escoge a mí."
Está bien que se procure poner los rótulos oficiales en los dos idiomas en las zonas donde existe cooficialidad lingüística, pero considerar una amenaza terrible cuando esto no ocurre, como se está intentando vender en estos momentos, me parece disparatado. Hagamos un esfuerzo los monolingües por acercarnos a esas culturas imbricadas en el mismo Estado. No cuesta tanto. No vayan a perderse esas lenguas como el ayapaneco o el xinca (permítanme la comparación).

En otro artículo periodístico de Juan Carlos Moreno Cabrera se desvela otra contradicción del manifiesto publicitado por la COPE y El Mundo:
"En efecto, a continuación se dice que “son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüísticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas”. Si esto es así, entonces no debería haberse dicho en el punto primero que el castellano goza del deber constitucional de ser conocido, porque las lenguas no gozan de derecho o deber alguno. Aquí se percibe de forma cristalina el nacionalismo lingüístico castellanista imperante en el manifiesto: sólo son las demás lenguas españolas las que carecen de derechos; el castellano tiene todos los derechos del mundo."
¿Qué dirían Pedro J., Losantos, Sabater y Vargas-Llosa si vivieran en Guate?

2 comentarios:

tatuada dijo...

Estoy recogiendo material del debate (falso) sobre la "amenaza" del castellano en Cataluña, a partir del manifiesto. Es una pena que Savater y Marías se hayan prestado a cañear este asunto. Ya hablaremos cuando vuelvas a CR. Pero tus intuiciones son muy acertadas: la lengua es algo más que sonidos emitidos o letras ordenadas con sentido.
Cuídate y llénate de verde y de otros colores, olores y sabores.
Y gracias por contarnos cosas tan bonitas y tan bien contadas.
Un abrazo.

Agnóstico Apático dijo...

Gracias por seguir el blog y comentar en él. Aún no sé quien eres, aunque me hablas como si lo supiera. Pero da igual, gracias y un abrazo.