Además de ser un gesto testimonial que no supondrá compromiso, también lleva implícito un punto de atrevimiento, de fanfarronada, de desafío difícil de cumplir. (ide3)
Cuando se redactó la Declaración del Milenio en el año 2000 la comunidad internacional lanzó un brindis al sol. Y no porque los ocho objetivos de desarrollo que de ella se desprendían, y que incluso podrían calificarse de poco ambiciosos, fueran inalcanzables, sino porque no comportaban un compromiso por parte de los estados firmantes de darles un rango jurídico que permitiera exigirlos ante un tribunal, como en el PIDESC, y porque no había una rendición de cuentas con consecuencias para los firmantes. No hay que olvidar que estamos hablando de cómo contribuir a hacer efectivos (parcialmente) derechos (humanos) que como tales deberían ser garantizados sin medias tintas por los gobiernos.
Hace unos días se anunciaba con alborozo que se había reducido el número de famélicos en el mundo (de 1020 millones de personas a 925). La cifra sigue siendo evidentemente vergonzosa para la humanidad. No ha recibido tan profusa cobertura la explicación de que son las buenas cosechas de los dos últimos años y el consiguiente descenso del precio de los alimentos las que han mejorado este dato y de que no se trata de un fruto de decisiones políticas. Además el objetivo de los ODM a alcanzar en 2015 era el de 400 millones de hambrientos crónicos. No nos engañemos. La posibilidad, los medios, las capacidades o recursos para acabar de un plumazo con el hambre existen.
Intermón Oxfam y Amnistía internacional han salido hoy a la calle para ofrecer la fotografía de dónde estarán los líderes mundiales actuales en 2015, año del balance final de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). El acto se celebra pocos días antes de la cumbre de la ONU en Nueva York (20 a 22 de septiembre) que revisará los avances de los ODM. Activistas de las dos organizaciones se han caracterizado con las máscaras de los principales líderes mundiales vestidos con uniforme de preso, para denunciar que si incumplen los compromisos de los ODM y las obligaciones de derechos humanos deberían responder y ser condenados en 2015.
Éste artículo, basado en textos de unos y de otros (indicados debidamente) y en reflexiones que me vengo haciendo desde hace tiempo, fue escrito para publicarse el 10 de diciembre del pasado año en otro lugar. No pudo ser, no fue y quedó en un archivo del ordenador. Hoy, que hemos tenido nuestro primer (cyber) encuentro de los embajadores de voz de las comunidades latinoamericanas de AI, lo cuelgo como inicio o presentación de un ejercicio periódico que nos hemos propuesto para tratar temas que afectan a la Dignidad de las personas en todo el mundo: los asentamientos precarios, la mortalidad materno-infantil y las vulneraciones de derechos humanos por parte de las empresas.
Dijo Nelson Mandela:
Al igual que la esclavitud y el apartheid, la pobreza no es un fenómeno natural. La causan los seres humanos y puede ser superada y erradicada gracias a la actuación de esos mismos seres humanos. Acabar con la pobreza no es un gesto de caridad; es un acto de justicia. Es proteger un derecho humano fundamental, el derecho a la dignidad y a una vida decente. Mientras siga habiendo pobreza, no habrá verdadera libertad”
La Declaración Universal de los Derechos Humanos cumple hoy 61 años. Durante este tiempo se han producido algunos notables avances en su cumplimiento. Cada vez son más los países que abolen la pena de muerte, pofundizan en la igualdad entre hombres y mujeres o dejan de perseguir la homosexualidad. Pero no sólo los derechos civiles y políticos, conquistados después de siglos de una lucha histórica de personas y pueblos por la libertad y la igualdad, son derechos humanos. En el lenguaje político, en el de los medios de comunicación y, en ocasiones, en el de la cooperación al desarrollo, se olvida que también la educación, la alimentación, o el trabajo son derechos humanos, los llamados derechos económicos, sociales y culturales (DESC), tan importantes, tan indivisibles, tan interdependientes, tan universales como los derechos civiles y políticos, como la libertad de expresión o el voto. Y que si de igual manera los consideráramos deberían ser tan exigibles y justiciables como éstos. Es decir, que en cualquier país del mundo se pudiera acudir a un tribunal para reclamar con la ley en la mano, por ejemplo, el derecho a la salud o a una vivienda digna igual que se puede denunciar la tortura. La pobreza está mal vista y nos conmueve, pero aún nadie ha acudido a un tribunal para responder por la muerte de miles o millonesde personas hambrientas.
El artículo 25 de la DUDH dice: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios”, y el 26: “Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental”.
Al igual que han habido avances, en los últimos años hemos sido testigos de un retroceso importante en determinados DDHH, de uno y de otro tipo. Las largas detenciones en Abu Graib o en Guantánamo, sin acusación ni juicio, acompañadas del uso sistemático de la tortura, son un ejemplo de ello. Pero igualmente en el terreno de los DESC nos encontramos con un aumento del hambre, siendo ya más de 1000 millones las personas que ven vulnerado su derecho a la alimentación, así como el exponencial crecimiento de asentamientos precarios en todo el mundo, tanto en el Sur, como en las grandes ciudades del Norte. También más de 1000 millones de personas ya viven en infraviviendas y muchos más no disponen de electricidad u hospitales cercanos.
Las política de los gobiernos estatales y de la cooperación internacional tienen en todo esto mucha responsabilidad. El artículo 22 dice lo siguiente: “Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad”.
¿Hacen los gobiernos todo el “esfuerzo habida cuenta de su organización y recursos”?. ¿Cumplen los países del Norte y los organismos internacionales con su parte del trato?. Es más, en la mayoría de los casos la pobreza es fruto de políticas deliberadas de gobiernos e inacciones cómplices que llevan a millones de personas a muertes evitables. Hay ejemplos clamorosos como la Operación Limpieza en la Zimbawe de Mugabe, el agravamiento de las hambrunas en los 90 en Corea del Norte por la mala gestión y las restricciones a la libertad de movimiento de las agencias humanitarias internacionales, la reciente represión en Myanmar y su consecuente hambre planificada o la expansión de los asentamientos en Palestina por parte de Israel, el muro de separación y las consecuencias demoledoras que tiene sobre la economía, el acceso a la educación, a la salud, etc. Podrían aquí exponerse también los ejemplos de grupos armados o empresas que han generado o agudizado la pobreza, como es el caso de guerrilla y paramilitares en Colombia o de la Shell en el Delta del Níger. Y junto a las de gobiernos, empresas o grupos armados, hay también decisiones conscientes de organismos internacionales que, de forma más sutil pero no menos dolorosa, afectan al disfrute de los derechos más elementales. Es el caso de las políticas de préstamos y las privatizaciones ligadas a los programas de ajuste estructural promovidas por el FMI y el Banco Mundial, organismo este último dependiente de la ONU, en tantos países del mundo, muchos de América Latina, que, especialmente durante las décadas de los 80 y los 90, menguaron sus ya precarios servicios públicos y contribuyeron a excluir de la sanidad o la educación a grandes sectores de la población. Asimismo, la Organización Mundial del Comercio, controlada por los países ricos, perpetúa la injusticia en los intercamios comerciales internacionales, promoviendo la apertura de los mercados del Sur y permitiendo el proteccionismo en los del Norte o permitiendo mediante el AMI (Acuerdo Multilateral de Inversiones) que las corporaciones transnacionales pudieran denunciar a los estados que intervinieran en sus actividades cuando puedieran interpretar su intervención como “dañina” para sus intereses. Afortunadamente este intento fue frustrado por la presión de los movimientos sociales.
En la mayoría de los casos unos y otros derechos, civiles, políticos, económicos, sociales y culturales están estrechamente relacionados. Está demostrado que la alfabetización y la educación de las mujeres reduce la mortalidad infantil o que el fin del apartheid en Sudáfrica contribuyó a su nivel de desarrollo económico y humano actual. Los derechos humanos han de ser no solamente el objetivo del desarrollo sino también el medio para alcanzar el mismo. Dicho de otra forma, el desarrollo ha de ser el proceso de expansión de las libertades fundamentales. La cooperación al desarrollo ha de aplicar el enfoque de derechos humanos en sus planes y su promoción sin condicionantes ni limitaciones externas, relacionando sus objetivos con normas internacionales vinculantes. Hoy por hoy el Plan Director de la Cooperación española 2009-2012 presenta la educación como prioridad sectorial bajo el término “Servicios sociales básicos”. Es positivo que tenga esta relevancia, pero es necesario puntualizar que a lo que se llama servicios sociales básicos son derechos económicos, sociales y culturales, contenidos en la DUDH.
Hay muchas maneras de matar. Pueden meterte un cuchillo en el vientre. Quitarte el pan. No curarte de una enfermedad. Meterte en una mala vivienda. Empujarte hasta el suicidio. Torturarte hasta la muerte por medio del trabajo. Llevarte a la guerra, etc... Sólo pocas de estas cosas están prohibidas en nuestro Estado.
'Muchas maneras de matar' Bertold Bretch
Para elaborar este artículo he obtenido inspiración y ejemplos documentados en: Derechos Torcidos, Esteban Beltrán, Editorial Debate. 2009. Más allá de los Derechos Humanos. Miquel Osset. DVD Ediciones. 2001. Campaña Exige Dignidad. Amnistía Internacional. 2009.
Me enteré gracias al blog de Ney, muy muy recomendable, al igual que Masticable, la otra bitácora que comparte con Felipe y Olga. Decía tal que así:
Hace unos días, la oficina internacional de Amnistía Internacional, puso un mensaje en el muro de su página de Facebookbuscando gente que quisiera prestar sus blogs para escribir y difundir posts temáticos. También tuitearon la convocatoria.
[...]
Cada mes enviarán información y materiales sobre un asunto de derechos humanos. Podría ser un caso específico de un individuol o una comunidad en una situación de riesgo, o más ampliamente un tema de derechos humanos en que estén trabajando. Por la mayoría de los casos, habrá una acción para tomar. Nos pedirán escribir un post sobre este asunto en el blog. -> ya hemos recibido el primero, con abudante información sobre el trabajo actual de la organización de cara al 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.
Ofrecen acceso a un espacio limitado para ‘Embajadores de la Voz’ en el sitio web de la campaña Exige Dignidad www.demanddignity.amnesty.org con la finalidad de compartir allí también el post. La comunidad es una red de más de 38,000 personas de 110 países preocupadas por los derechos humanos y la pobreza.
Pertenecer a una lista de correo cerrada de blogueros y blogueras.
Me gustó la idea y no tardé en apuntarme. La campaña (((Exige Dignidad))) de AI es la que hace sentirme plenamente a gusto en la organización. Los Derechos Económicos, Sociales y Culturales eran hasta ahora una laguna importante en el buen trabajo del Movimiento. Y relacionados con esta campaña serán los contenidos que manejaremos y adaptaremos a nuestra óptica personal quienes nos hemos ofrecido a participar en esta red mundial (ya hay gente de Colombia, Guatemala, Perú y más).
El jueves publicaré un post relacionado con esta iniciativa que iremos coordinando esta semana, aunque será la que viene, para el Día de la Mujer Trabajadora, cuando sincronicemos nuestros relojes, la mejor manera de ser más efectivos en nuestros objetivos.
Igual tienes un blog y te quieres sumar. No tienes más que escribir a jbloom(arroba)amnesty.org
foto tomada con el móvil por la amnistiosa y ourensana Bea en la calle Ferlandina de Barcelona.
No se me ocurriría mejor manera de describir los DESC, tan importantes, tan indivisibles, tan interdependientes, tan universales como los derechos civiles y políticos, como el derecho a no ser torturado, a la libertad de expresión o al voto. Aunque en esta nuestra constitución no se reconozca así.
El poema original, 'Muchas maneras de matar', es de Bertolt Bretch:
Hay muchas maneras de matar.
Pueden meterte un cuchillo en el vientre.
Quitarte el pan.
No curarte de una enfermedad.
Meterte en una mala vivienda.
Empujarte hasta el suicidio.
Torturarte hasta la muerte por medio del trabajo.
Llevarte a la guerra, etc...
Sólo pocas de estas cosas están prohibidas en nuestro Estado.
"Quien tiene algo que decir tiene igualmente el derecho y el deber de decirlo. Sin embargo, es preciso que quien tiene algo que decir sepa, sin sombra de duda, que no es el único o la única que tiene algo que decir. Aún más, que lo que tiene que decir no es necesariamente, por más importante que sea, la verdad auspiciosa esperada por todos. Es preciso que quien tiene algo que decir sepa, sin duda alguna, que, sin escuchar lo que quien escucha tiene igualmente que decir, termina por agotar su capacidad de decir por mucho haber dicho sin nada o casi nada haber esuchado." Paulo Freire dixit