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miércoles, 17 de junio de 2009

Escenas cotidinas manchegas: Pollo al curry

Este martes no haremos arroz con pollo a la Lolina. Mejor al curry. Por cambiar.

En mi barrio hay una iglesia, un centro social, dos bares y dos tiendas en sendas entradas de dos casas bajas de las tantas que abundan por la zona. Paso a una de ellas, la de siempre, la de Nani; mientras decido conjuntamente a la tendera -su mujer, de la cual desconozco todavía el nombre- si me llevo una o dos piezas de pollo, pasa una señora de negro con más de setenta años a sus curvadas espaldas avisando de que su hermana "la Paca" (p.ej.) se ha vuelto a caer. No parece muy sofocada ni pide ayuda urgente.

Nani y yo pasamos a la casa de al lado tras apartar la persiana que tapa la puerta y encontramos un salón pequeño y poco iluminado, recargado de fotos y figuritas, una mesa camilla y un par de sofás. Entre ellos se encuentra "la Paca" prácticamente tumbada, tan sólo apoyando incómodamente la cabeza en la pared.

- ¡Gracias ricos, gracias ricos! -exclama repetidamente, mientras la levantamos sincronizada y lentamente agarrándola por los brazos, antes de intentar explicarnos con todo lujo de detalles cómo fue la caída, provocada, al parecer, por una confusión.

- Como no veo bien, pensé que esto era el asiento...

Nani se despide y yo le sigo de nuevo a la tienda. El pollo está troceado y envuelto. En la bolsa aún hay hueco para unos champiñones y una barra tipo chapata. Se siguen escuchando a lo lejos las voces de agradecimiento de "la Paca". Cuando empiezo a salivar dirigiéndome a la puerta, entra un chavalín de unos seis años. Siempre a esas horas, aun dentro del horario escolar, merodean por la calle niños con bicis de mucha más talla que sus menudos cuerpos y suelen pasar a la tiendecilla a comprar chuches. Esta vez no es así.

- Nani, dame un papelillo.

El tendero niega con la cabeza.

- Nani, dame un papelillo, ques pa mi papa. - dice sin dejar de mirar las golosinas del expositor.

martes, 18 de septiembre de 2007

Escenas cotidianas manchegas (o no)

1.- Aguardo en la barra del bar el sábado a eso de las nueve de la noche a que me sirvan el bocata que 15 minutos antes había pedido. El frigo de mi casa pasa por unos días de crisis existencial. A punto están de comenzar las semifinales del eurobasket. Tensión somatizada en el estómago por no llegar al comienzo del encuentro. En esto una familia toma vinos y coca-colas lights a mi lado. Sobrina y tío discuten sobre el cambio de estilo de Dover en su último disco. El padre se entromete en la discusión y sin venir a cuento e indignado exclama: "Eso de los 40 principales es una puta mierda. Antes ponían a Peter Gabriel y cosas así. Gente con clase, pero lo de ahora: ¡pornografía, es pornografía!."

2.- Saturday night. El pub más popi de Culiparditenango está más lleno que el metro de Tokyo en hora punta. Los erasmus empiezan a invadir la ciudad y se nota en acentos, pieles y cabellos. Un amigo vive con dos alemanas a las que hace un minuto un camarero rebajó las cervezas. 2 € en vez de 2,30. Los efectos de tequilas y zumos de cebada dominan mis andares y mi discurso. Me dispongo a pedir. "Por favor, me pones dos Estrellas a precio de alemana". - "¿¡Qué!?". - Que si me puedes poner ... ". El barman me mira con una mala leche difícil de describir. Pone sobre la barra las birras y me cobra 4,60 €. Mi colega me dice "tío, que ese es el jefe, el que las ha puesto baratas ha sido el otro".

3.- Me dirijo al trabajo el lunes y paso junto a una tienda de "Alimentación. Frutos Secos". Vamos, unos chinos. La regenta, a voz en grito, regaña al repartidor del pan. No entiendo lo que le dice. El hombre tras la descarga de histeria asiática explica que la subida de los cereales tiene la culpa del nuevo precio de la barra. Además ella la tiene que vender también más cara. Creo que empiezan a entenderse. Prosigo.

4.- El mismo lunes a mediodía en el super más cercano. Me dispongo a comprar lo justo para comer. Una señora, me dice "¡eh! muchacho, esto qué es, son Franfu?" -mostrándome un paquete de salchichas rellenas de queso- "¿son pa freír?". "Sí señora" -le digo-. "¿Pos cuánto valen?". Miro el precio y contesto "49 céntimos". "Anda pos que barato. ¿Quie's unas?" Y hace el amago de introducirlas en mi carro. "No, gracias". Huyo.