El fin de semana pasado regresé a uno de los lugares de los que me siento más orgulloso de haber vivido. O, mejor dicho, afortunado por haber podido desarrollarme cuatro años sumergido en ese particular entorno. Decidimos alquilar una casa en un pueblecito a 6 km de Cuenca llamado Molinos de Papel, una de las incontables casas rurales que han proliferado y cambiado en los últimos tiempos la forma de hacer turismo para muchos.
El sábado por la mañana nos desplazamos hasta Uña dispuestos a realizar un pequeño recorrido de unos 9 km que rodea la laguna del mismo nombre, afectada como se puede observar en la siguiente imagen por la eutroficación. Esto viene a ser algo así como un exceso de nutrientes, que provoca un aumento de plantas acuáticas y una lenta transformación de la laguna o pantano en cuestión en terreno seco.
El tiempo era estupendo para pasar el día haciendo senderismo. Por el camino observamos continuamente numerosos buitres leonados y hubo quien tuvo la suerte de divisar algún que otro ciervo, aunque con la animada conversación que llevábamos (éramos unos 8 el primer día), era normal que no aparecieran muchos.
En este peculiar paraje se encuentra la Escuela Regional de Pesca Fluvial de Castilla-La Mancha y una piscifactoría, observable en el extremo derecho de la siguiente foto, propiedad de la Junta, que se utiliza para repoblaciones de trucha autóctona, creo recordar. La mayoría de estos datos me fueron suministrados por uno de los compañeros que conoce el terreno a la perfección y que espero me disculpe si en alguno me equivoco.
También visitamos la curiosa Fundación Antonio Pérez, que cuenta con una colección de objetos encontrados bastante friky, así como incontables obras de artistas de renombre y una exposición temporal sobre el cómic español en la democracia.
Cada vez que vuelvo a Cuenca me inunda la nostalgia, en el buen sentido, que también lo tiene, y la alegría. Quizás un día de estos, me eche la casa a cuestas y me vaya a vivir allí, al menos, otros cuatros años.




