domingo, 19 de abril de 2009

En el puerto de Alicante

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Hace unos días estaba esperando en el barrio de José Antonio, concretamente en la plaza División Azul de Alicante, a que me recogiera un amigo. Recordé entonces las palabras de mi padre contándome cómo el Ayuntamiento de la ciudad se negaba a colocar una escultura o a poner una placa en recuerdo de las víctimas de la sublevación militar.

En Alicante se vivió una tragedia los últimos días de la Guerra Civil cuando miles de republicanos de toda España llegaron a la ciudad levantina con la esperanza de huir de la represión de los militares sublevados contra la democracia. Tan sólo 2.638 pudieron embarcar en el Stanbrook, un barco mercante capitaneado por un inglés, Archibald Dickson, que zarpó rumbo a Orán.

Lo que no sabía es que unos días antes había estado viendo la peli 'La casa de mi padre' en un centro comercial, el Plazamar 2, construido donde se ubicaba del campo de concentración que albergó a unos 30.000 republicanos que no hallaron hueco en el Stanbrook.

Allí sin comida, la gente se comía todas las almendras, hasta las hojas de los almendros...sin servicio ninguno de higiene y sanidad y sin intendencia, pues a los árboles no les quedaba ya ni corteza...un hambre de espanto, que no teníamos nada, que nos comimos las hojas y todo lo que podíamos... el primer día, no quedaban almendras en los almendros; el tercer día no tenían ninguna hoja... allí estábamos tirados...

Fragmento de un artículo basado en fuentes escritas y orales de supervivientes del campo de Los Almendros. Esther López Barceló

En la Transición se hicieron algunas cosas mal. Entre otras faltaron verdad, justicia y reparación.


Blog de la Comisión Cívica de Alicante para la Recuperación de la Memoria Histórica.

Web de la Comisión Cívica de Alicante para la Recuperación de la Memoria Histórica.

Asociación para la Rcuperación de la Memoria Histórica
Coordinadora de Colectivos de Víctimas del Franquismo.

martes, 14 de abril de 2009

Somos todos moscas, comamos mierda

Las noches de insomnio favorecen la gula. La alimentaria y la lectora. La segunda es bastante más agradecida que la primera (que suele producir arrepentimientos psico-digestivos); aunque tiene un peligro: puede cuestionar tus convicciones e incluso conseguir derribarlas. Es una acción voluntaria difícil pero satisfactoria si estamos dispuestos a evolucionar en el pensamiento.

La frase del título es, al parecer, una expresión popular anarquista, que igual no viene al caso pero que podría definir este mundo que habitamos bastante más salvaje y dolorido de lo que desde esta poltrona del Norte algunos (los más poderosos) nos hacen creer, empeñados en despreciarlo y que, por supuesto, se niegan a cambiar. La frase de marras está extraída de Derechos torcidos (tópicos, medias verdades y mentiras sobre pobreza, política y derechos humanos), libro publicado recientemente por Esteban Beltrán, en excedencia como director de la Sección Española de Amnistía Internacional. Una delicia para los ávidos de polémicas y debates, que rehúye de los eufemismos y de las mordeduras de lenguas. Recomendado queda.

Y dicho esto ¿qué me dicen? ¿hasta que la marea de recortes de derechos y libertades no llegue hasta nuestra poltronas no vamos a hacer nada? Recordemos aquel poema de Martin Niemöller (que no de Bertold Brecht). ¿No basta con que los ciudadanos extranjeros, como ayer pude comprobar, no sólo vean mermados sus derechos, sino que les cueste el triple que a un nacional alquilar una puñetera vivienda, sufriendo desprecios, agravios o indiferencia? ¿Los capitalistas, los dueños de esas miles de casa vacías, han de manosear y determinar la felicidad y la dignidad de la gente? ¿Y los despidos injustificados de empresas con beneficios? ¿La imposibilidad de trabajar para quien quiere hacerlo no es una violación de los derechos humanos que los estados no resarcen?.

78 años después del advenimiento de la II República, es hora de ir pensando en otro cambio radical y pacífico del sistema (No me llames iluso...).