miércoles, 24 de agosto de 2011

Kasha Jacqueline Nabagesera

La pasada semana se celebró la XXX Reunión del Consejo Internacional de Amnistía Internacional. Se trata de la asamblea global de un movimiento que cumple este mismo año medio siglo. Las discusiones, los debates y la toma de decisiones (no siempre fáciles) se han sucedido durante seis días en Noordwijkerhout, un pequeño pueblo holandés próximo al mar del Norte.

La experiencia, obviamente, se torna en inolvidable para quienes la viven, al tener la oportunidad de aproximarse por unos días a una gran cantidad de personas de todas las partes del globo, que no solo son afines sino que además han trabajado de manera conjunta y simultánea sobre los mismos casos de violaciones de los derechos humanos.

Las revoluciones árabes, los derechos de las mujeres, el activismo digital, el tráfico de armas, las empresas extractivas, los desalojos forzosos, etc. Todos estos han sido temas objeto de debate durante la RCI. Pero creo que no me equivoco al destacar entre los muchos testimonios presentes en la sala de plenarios el de Kasha Jacqueline Nabagesera, activista LGBT en Uganda, país en el que la homosexualidad es ilegal y está más que perseguida. Este es el vídeo de su intervención: