martes, 6 de enero de 2009

Fotografias

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Allá por el 14 de septiembre publiqué una entrada contando una anécdota ocurrida con la vecina de la escuela en la que entonces, al igual que ahora, estaba pasando gran parte de mis días.

El día que me despedí de Atitlán, sin saber que volvería tan pronto, le pedí a la señora que se hiciera una foto conmigo. Accedió a la propuesta y, tras quedar inmortalizados nuestros rostros en la tarjeta de la cámara, pidió a su dios por mí y me ofreció sus bendiciones para el viaje de regreso a España.

Durante estas jornadas, en las que mañana y tarde he entrado y salido de la escuela, me la he vuelto a encontrar a cada rato. Todos los días me intentaba decir algo aunque sólo entendía "pot, pot". Nada. Al final acababa dando por imposible el entenderla ya que ella sólo habla tzutujil y yo sólo castellano.

Pero el sabado sí que logré descifrar su comunicación. Tras gesticular, pronunciar la palabra "papel" y sentarse justo en el mismo sitio donde nos hicimos aquella foto, entendí que era eso mismo lo que quería: una copia.

Ayer se la imprimí en blanco y negro, la dobló no sé cuantas veces y se la metió por dentro del huipil. Hoy, cuando he vuelto a la escuela, como cada mañana, los críos y crías que viven en esa casa, que no son pocos, me han recibido dispuestos y exigiendo ser fotografiados. Casi todos querían posar una y mil veces.

En Atitlán, como en tantos sitios empobrecidos del planeta y acostumbrados a recibir turistas, son bastantes los niños que piden dinero por dejarse hacer una foto o por enseñarte tal o cual sitio (aquí sobre todo el lugar donde se guarda a Maximón). No fue este el caso.

Est@s niñ@s, llenos de vitalidad y de inocencia, aunque con mucha más responsabilidad en el presente y dificultades en el futuro que l@s occidentales, puede que, ni aún viviendo al lado, pisen jamás la escuela. Hoy lo han hecho.

Nos pidieron pasar a echar un vistazo, como otros infantes estos días que van por su cuenta, deseosos de conocer esa escuela que ya es suya. Los vecinitos pasaron tras la abuela, que quiso posar en una nueva instantánea (como arriba se puede ver) con absoluta solemnidad. Corretearon por ella y disfrutaron de sus colores. Mañana, probablemente, estarán cargando leña con el mecapal o vendiendo las pocas frutas que les sobran en el suelo de las calles cercanas al mercado.

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4 comentarios:

Tercera Opinión dijo...

Y aún así consiguen mantener la sonrisa.
Sin palabras.

Un saludo.

Zinar Ala dijo...

Qué bien amigo, estas experincias que vives por allí, a ver cuando me toca salir de la península para vivir historias semejantes. me ha gustado la historia de tu vecina. Estaba imaginando como hablabaís con los gestos.
Un cariñoso y caluroso abrazo desde La Mancha.
Zinar Ala

agnóstico apático dijo...

tercera opinión, claro que la mantienen porque la vida se compone de más variables de las del confort.

Zinar, el que la sigue la consigue. La comunicación no verbal es universal... ¿no? Imagino que como te comunicarías tu al poco de llegar a esa península. Un abrazo.

Martina Mandarina dijo...

¿Me puedo quedar con esa niña? Por fiii