lunes, 1 de marzo de 2010

Ciudad Real desde el pesimismo


Es real que, por razones culturales y políticas, esta ciudad de entrada asusta. Cuatro años dan para ir conociéndola un poco más y diluir esos miedos. Sería absurdo pensar que no tiene virtudes y potenciales, especialmente conociendo a algunos resistentes a la herencias e inercias. Aun así, días como el de ayer le mueven a uno a posiciones más pesimistas, como la niña del chiste que no se conforma con nada, mientras que la hermana de la caja llena de mierda busca ilusionada al caballo.

Hoy sólo veo la mierda dentro de la caja y nada más. Veo carriles bici fuera de la ciudad, que te empujan a perderte con tu afición neohippy por cotos y fincas lejanas, para que no molestes a la estúpida cadena de coches atascando las vías públicas cada mañana, tarde y noche.

Veo la mierda literalmente junto a la puerta (milagrosamente aún en pie) del antiguo Torreón del Alcázar Real. Botellas y bolsas: una manera gráfica de mostrar al visitante cómo históricamente se ha conservado el patrimonio arquitectónico y cultural. Una obra parada desde que tengo ciudadanía culiparda por la mala suerte de encontrar restos del Alcázar cuando se iba a construir un párking. Para (lo veo claro) acabar metiendo más coches en la ciudad y saturar aún más el tráfico. Curiosamente uno de mis primeros post al llegar a Ciudad Real fue sobre la simbólica conversación al respecto presenciada en un centro de salud.

En estos cuatro años he conocido robos o destrozos en bicis de varios de mis amigos (a su vez amigos del pedal). Ruedas retorcidas y pinchadas en noches de fiesta, sillines robados en tu propio domicilio, cadenas rotas, hasta una vez me sacaron los frenos mientras asistía a un concierto de jazz.  ¿Qué tienen algunos en contra de las bicicletas?. A un robo se puede llegar por múltiples causas (Sionismo, llevarse algo a la boca, empresas extractivas que arramplan con comunidades indígenas, etc... Razones  para todos los gustos. Especialmente simpatizo cuando es el Estado quien pretende asegurar los derechos de los oprimidos quitándole un terruño a la duquesa de Alba, por ejemplo), pero tengo meridianamente claro (sin datos en la mano) que en esta ocasión no hay detrás una noble causa y que el desprecio generalizado al uso de las dos ruedas ayuda a fijar objetivos.

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