domingo, 13 de diciembre de 2009

Viaje a los Altos del Golán. Días 11 y 12. Majdal Shams, Haifa, Tel-Aviv, Madrid


El chófer árabe-israelí que nos tenía que recoger en Nablús y llevar hacia los Altos del Golán fue retenido caprichosamente en un checkpoint de entrada a la ciudad. Tuvimos pues que llegar hasta él montándonos en varios taxis. Uno de ellos pinchó. Una vez en el control militar conocimos a unas señora mayores de una asociación pro derechos humanos integrada sólo por mujeres israelíes contrarias a la ocupación. Su activismo consistía en vigilar el trato que daban los soldados hebreos a los palestinos.


Nos despedimos de A., una de las personas más entrañables que conocimos. El viaje hacia el norte fue mostrándonos un paisaje cada vez más verde. Sobre todo una vez cruzada la frontera palestino-israelí, teniendo nuevamente que decir en ella a la soldado que subió al bus que nuestro viaje era puramente turístico y que veníamos de Jericó. A partir de ahí el desierto se convirtió en vergel. Los campos de regadío, el Lago Tiberiades (aquel en el que las leyendas bíblicas cuentan que Cristo anduvo sobre el agua), el paisaje bien nutrido del agua siria del Golán mostraba un esplendor que a los árabes se negaba. El agua es una de las grandes batallas ganadas en esta guerra de ocupación.


El 25 % del agua que consume Israel proviene del Golán, donde residen unas 40.000 personas según Wikipedia, entre árabes, nacionalizados casi todos israelíes, y colonos moderados, según nos contaban, originariamente de izquierdas y que mantienen un buen trato con los autóctonos. Majdal Shams fue el pueblo en el que nos quedamos esa noche, tan sólo tres personas, acogidas por Golan for Development, que pretende construir un movimiento democrático en el Golán como manera de resistencia ante la ocupación.. La mayoría de nuestros compañeros de viaje regresaron en el día a Tel-Aviv para coger al avión rumbo a Barcelona.


Nada que ver con Palestina. Eso sí que parecía la Suiza de Oriente Medio. Se respiraba una tranquilidad inmensa (si uno obviaba la notable presencia militar que rodeaba las ciudades y los vetustos tanques apuntando a la frontera siria). A cada paso era normal encontrarse con una clínica dental, con una cafetería tranquila y moderna o con un grupo mixto de chicos y chicas de aspecto occidental. Otro rollo. En algunas casas se mostraba la bandera siria ondeando en el salón, pero sobre todo la bandera drusa, (en la foto) confesión mayoritaria en la zona, en los tejados de las casas de nueva construcción.


Es contradictoria la justificación israelí para ocupar en 1967, durante la guerra de los seis días, 1200 km2 de los 1800 de que constan los Altos del Golán. El Artículo I, Sección 9, de las Directrices normativas básicas del Gobierno de Israel afirma: "El gobierno considera que el Golán es esencial para la seguridad del Estado y sus recursos hídricos. Mantener la soberanía de Israel sobre el Golán será la base para un acuerdo con Siria.". La razón de aprovisionarse de agua es clara, además los golaníes la pagan 4 ó 5 veces más cara que los colonos. Lo de la seguridad no tanto, cuando pegados a la frontera hay varios asentamientos.


En ese punto confluyen las fronteras de cuatro estados: Siria, Jordania, Líbano e Israel. Particularmente la frontera con Siria, a quien pertenecen según la ONU esos territorios, es llamativa. Del otro lado se pueden observar algunas casas diseminadas por la montaña de algunos de los muchos que huyeron tras la ocupación o de familiares de actuales residentes en Majdal Shams y estaciones de radio con las que se comunican entre sí.


De las conversaciones con Taysser Miry, líder de Golan for Development, mi compañero y amigo David Perejil, tomó mejores apuntes que yo:


La principal razón de la ocupación del Golán es el agua. El 25% del agua israeli proviene de aquí”, así comenzó su presentación Taiseer para contarnos que de los 30.000 habitantes repartidos en 200 pueblos y una extensión de 1.200 km2, sólo quedaron 6.300 personas tras la guerra de 1967. Una ocupación que las familias divididas a un lado y otro de la frontera pensaron que sólo duraría unos meses pero que aún perdura. Eso, pese a la coacción israelí para que los golaníes, hasta los noventa con estatus de residentes, renunciaran a la nacionalidad siria y optaran por la israelí. Presión que tan sólo 100 personas soportaron, tras una huelga y actos de boicot, y que ahora tienen una nacionalidad indefinida.

Tayseer Miry también criticó aspectos de la educación en el Golán. Un currículo centrado en la explicación sionista de la historia, que rechaza, y unos profesores poco cualificados, a veces sin titulación, que él creía dirigidos a bajar el nivel académico de la zona. En este sentido, destacó la oportunidad abierta entre 1977 y 1981 para cursar estudios universitarios en Damasco, cuyo relevo tras la prohibición fue la antigua URSS, aliado de Siria que acogió a unos millar de estudiantes golaníes.
Y vuelta al agua, fundamental de la zona, que Miry señala como causante de la ocupación. Nos dice que lo golaníes árabes pagan hasta cuatro veces por el agua que los colonos, 3,4 shekels/m3 frente al 0,9 de los habitantes de los asentamientos. Un recurso repartido entre 90 lagos en los Altos, con cerca de 3,5 millones de metros cúbicos. Para burlar esta estrategia antidesarrollista, los agricultores decidieron recoger agua de lluvia en tanques, llenando la zona con unos 600 contenedores. Poco después, Israel decidió instaurar una nueva legislación, por la que se requerían hasta cinco diferentes permisos para poder tener un tanque, lo que provocó demoras de años. Taiseer Miry recalcaba la ironía de tener que pagar más por un recurso que considera propio y robado por los israelíes. Hasta llegar al sarcasmo de no poder recoger agua de lluvia.
Miry cree que hay que leer entre líneas los discursos pacifistas de políticos como Simon Peres, presidente israelí y laborista. Piensa que destilan una impostada superioridad, moral y tecnológica, sobre los árabes que les da derecho a ocupar tierras. Vuelve a repetir que para el país judío no sólo no existen las resoluciones de la ONU sino que siempre se prepara para vencer siempre por medio de la fuerza militar.
Por la noche paseamos, fumamos una narguile y bebimos unas cervezas. Algunos de los saludos que se escuchaban eran en hebreo y no era raro encontrar militares tomando algo en un bar con total tranquilidad. “Esto no tiene nada que ver con Palestina”, comentábamos.


La vuelta a casa se produjo al día siguiente. Llegamos hasta Haifa, la ciudad roja de israel, donde tuvimos tiempo para observar el Mediterráneo desde la otra punta a la que estamos acostumbrados, charlar nuevamente con Nisreen Mazzawi, para finalmente separarnos, desarnos suerte y realizar el trayecto a Tel-Aviv ya de manera individual. Habíamos dicho que viajábamos solos al entrar y de igual manera debíamos salir. En el aeropuerto el dichoso numerito 5 en el pasaporte, en las maletas. Controles, cacheos, preguntas, preguntas, preguntas. El cargador del móvil escaneado y facturado a parte. Un tipo muy cachas sentado a mi vera en el avión. Si yo estaba despierto no se movía. Cuando me dormía aprovechaba para ir al baño, pero no al de turistas, si no al de business, manteniendo siempre cubierto el flanco delantero de la cabina. Mi imaginación voló pero sigo creyendo que no era casualidad.

FIN.

2 comentarios:

Burdon dijo...

Mr Apático, o sr Agnóstico.Hacía tiempo que no me pasaba por aquí, por falta de tiempo, como me pasa con todo en general...

Flipo con los posts repletos de información sobre tus andanzas por Palestina y alrededores, con la infinidad de links que dejas y las fotos que sigues publicando por aquí. Es un curro de la leche esto.

Me alegro que estés bien después de todo, con tanto viaje a tierra santa, con lo movidito que está todo por allí.

Un abrazo.

agnóstico apático dijo...

Hola Mr. Burdon,

agradezco tu alago.

Está movidito pero merece la pena conocer la región.