lunes, 7 de junio de 2010

De lereles



El calorcillo veraniego amortiguado por un pedazo de campo con vegetación y algo de agua para refrescarse es un bálsamo para las heridas, incluso para las placas de las anginas. Allí, bajo esas sagradas sombras, aunque rodeado de endemoniados mosquitos, el género humano deja de rebajarse para convertirnos en animales de compañía increíblemente entrañables.

Y, de repente, en un lerele, aparece un grupo celular, de los que han de dejar todo su metal abandonado en los controles de los aeropuertos, y te muestra su maqueta. Y se habla de mezclas, de masters y conciertos. De que los recortes también llegan a los grupos noveles y locales, que ya no son contratados por algunos ayuntamientos.

Luego, un rapero me regala su último CD, recién sacado de la huerta manchega. Emoción. Parece que porque una vez escribí sobre él. Magnífico letrista este Hernán.

Cuando el domingo la parrilla nos miraba temerosa por ser sometida nuevamente a los calores de las brasas, una llamada nos redirige a un pueblecito de Calatrava, donde acabamos haciendo de extras para un videoclip de otro grupo manchego lolailo. Cuando lo saquen en unas semanas, lo publicaremos aquí.

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