lunes, 14 de septiembre de 2009

Viaje a Palestina. Día 6. Beduinos, Mar Muerto y llegada a Ramallah.

Nos despedimos de la familia de Beit Sahour para encaminarnos hacia Jericó y el Mar Muerto. Las casas de color ocre, el mismo de la tierra, empezaron a quedarse tras el autobús que pilotaba nuestro chófer belenita. Nos adentramos en el desierto de Judea, como todas las reservas y espacios naturales, controlado militarmente por Israel. Algún que otro caza sobrevolaba nuestras cabezas generando bastante ruido, no tanto como cuando sobrepasan la velocidad del sonido, arma psicológica bastante efectiva.

Allí encontramos a un grupo de beduinos, tradicionalmente nómadas, aunque ahora obligados a permanecer más quietecitos, que se dedican al pastoreo de cabras y ovejas y que construyen una especie de chabolas allá donde se asientan. Son alrededor de un 10% de los árabes palestinos. En el desierto del Neguev o Naqab, al sur de Israel, viven también su particular limpieza étnica. Ya David Ben-Gurión escribió en 1937: "La tierra del Neguev está reservada a los ciudadanos judíos cuando y donde quieran tomarla. Debemos expulsar a los árabes y ocupar su lugar."

Bajamos de la altitud cero y llegamos al Mar Muerto, donde la concentración de sal es diez veces superior a la del resto de mares. Esto obliga a que, una vez el colono con metralleta en la espalda ha terminado de remojar sus pies en el agua y se aleja unas cuantas decenas de metros, puedes sumergirte con cuidado de que no entre ni una gota en tus ojos y oídos. Si no saldrás rabiando. Ya es suficiente con notar escozor en todas y cada una de las heriditas y picaduras de mosquito del cuerpo.

Si eres palestino para pasar un día en aquella playa del Mar Muerto, cada vez más muerto, también hay que cumplir con algunos requisitos. Entre ellos ir en familia, nunca solo o con tu panda de amigos, y menos si eres de mediana edad. Es Cisjordania pero está administrada por Israel.

Resultaba curioso observar un buen número de negros entre los habitantes de Jericó. Al parecer son descendientes de inmigrantes sudaneses que llegaron a aquellas tierras hace siglos.

Y ya no nos quedaba más que llegar a Ramallah, dando una vuelta tremenda por la prohibición a nuestro chófer de pasar por Jerusalén y también para evitar los checkpoints. Checkpoints como el de Calandria, uno de los más duros de todos los Territorios Ocupados, paso obligatorio entre Ramallah y Jerusalén.

Las pirulas de los conductores con matrícula IL quedan impunes, nos contaba nuestro guía. La policía palestina no tiene capacidad de multar. Surgió esta conversación a raíz de presenciar un giro peligroso a la entrada de la ciudad llevada a cabo por un camionero. Eso no hay cojones de hacerlo en Jerusalén – sentenció.

3 comentarios:

miquelet dijo...

Parece que no puedas dar un paso sin que los israelíes te recuerden quién es el que manda allí.

Salud.

pcbcarp dijo...

Vivir el telediario en vivo y en directo es otra cosa, ¿eh? Muy buenas estas notas de viaje.

agnóstico apático dijo...

miquelet, así es. Es un estrangulamiento constante. Por aire, tierra, mar y casi a todas horas.

pcbcarp, me alegra que le gusten las notas. Seguiremos con ello. Aún quedan 5 días.