miércoles, 17 de diciembre de 2008

Aznar en tiempos revueltos

Cuando un violador (más si se trata de un pederasta) sale a la calle, la indignación se hace dueña y señora de las tertulias, de las calles y de los blogs. Ocurre lo mismo con los terroristas oficiales. Y no importa mucho si están arrepentidos o han renunciado a sus prácticas. Puede que ellos consideren haber cometido un error y pidan clemencia. Da igual. Sospechamos que pueden volver a las andadas o, aunque así no fuera, queremos que su castigo sea más duro.

Lo que nos cuesta más es, ya no que salgan en libertad, sino hacernos a la idea de que se juzgue, se condene y, en su caso, se entrulle a un político, a un presidente, a todo un presidente del gobierno por un (según muchos) error de macabras consecuencias. Hay quienes pensamos que esto no tiene porqué ocurrir sólo con ex-dictadores desahuciados o con alcaldes corruptos, sino con cualquier gestor público, cualquier ciudadano al fin y al cabo que haya hecho méritos para ello, por muy alta que fuera su responsabilidad. Por muy poco acostumbrados que estemos y por muy utópico que parezca.

Porque sería muy triste pensar que la única represalia con la que nos podemos conformar tras mentiras de destrucción masiva, fotos en las Azores, ilegalidades y desprecios a la opinión del pueblo de las que, por cierto, nunca se ha arrepentido, es el lanzamiento de unos zapatos en un ataque de rabia.

Más de 22.000 firmas se han adherido a la Plataforma Juicio a Aznar. Si quieres firmar, puedes hacerlo aquí.

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