sábado, 9 de enero de 2010

Palabra de Rafael Reig

Fui el primer responsable de Opinión del periódico, con Nacho Escolar, pero desde el número cero tuve mis dos columnas diarias. Me fui a casa, con mis columnas, por exceso de trabajo y porque no me gustan mucho las oficinas. Además, entonces, en Público había una redacción muy joven con el inevitable exceso de entusiasmo: a mi edad resultaba agotador. Con respecto a la salida, mi conclusión es que mis columnas eran demasiado visibles para tener tan poca sintonía con la línea editorial del periódico. O sea que molestaba. Los empresarios tienen el convencimiento de que los trabajadores no son más que factores productivos, y que les pertenecen, como la maquinaria, los armarios o las sillas. Partiendo de ese punto de vista, consideran legítimo cambiarles de puesto, de función o de uniforme. En unas ópticas obligaban a las dependientas a no llevar nada (salvo ropa interior) bajo la bata, como quien pone en un escaparate lo que le da la gana. Eran “sus” dependientas y, si se transparentaban las bragas, el cliente se iba más satisfecho, ¿cuál es el problema? ¿No es suya la empresa? Aunque les hayan contratado para una cosa y aunque la hagan bien, es su potestad utilizar su maquinaria y herramientas como les apetezca. ¿Es que alguien les va a impedir utilizar la llave inglesa como martillo para clavar un clavo si a ellos les parece bien? Ahora te mando a Cultura, ahora te vas a la envasadora, ahora te enviamos de comercial a Cuenca, etc. Si el trabajador no está de acuerdo es como si la silla no está de acuerdo en que la utilicen sólo para colgar chaquetas: importa un rábano y además no es concebible, ¿o acaso se da la palabra a las sillas de tu propiedad? No se puede hacer nada. Dar un portazo, si te lo puedes permitir, como hice yo. En France Telecom lo que hicieron fue suicidarse uno detrás de otro. Aparte de coger calle o pegarte un tiro, no veo muchas opciones, ya que al parecer todo el mundo está convencido de que la propiedad privada de un medio de producción es un derecho.
La entrevista completa de Pascual Serrano a Rafael Reig se puede leer en Rebelión.

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