domingo, 20 de enero de 2008

Raval

El Raval está a unos pocos minutos del piso de alquiler y compartido de mi hermana.

Sí, somos una familia afectada, no por el matrimonio homosexual, sino por las obras del AVE y del aeropuerto de Ciudad Real. O quizás sería más correcto decir "interesados". El caso es que ansiamos que ambas finalicen lo antes posible porque esto de tener la cuarta pata de la mesa tan lejos de las otras tres es bastante desestabilizador y ni Kiko ni Rouco, imagino, lo deben ver nada bien. Y no quiero que se enfaden.

A mí memoria El Raval le resulta un barrio muy especial. No sólo porque alberga al bar Martiachi, en el que han transcurrido muchas de nuestras asfixiantes noches de verano y alguna que otra fría de invierno en los últimos tiempos en Barcelona. También puede que lo sea por haber compartido en alguna ocasión bancos en la Rambla del Raval con los paquis que lo pueblan, junto a indios, filipinos y magrebíes.

Ayer en la calle Hospital, donde el coche de mi hermana presuntamente duerme cada noche, detuvieron a 14 presuntos terroristas que presuntamente pretendían atentar contra inocentes. Tanta presunción (curiosamente presunto en portugués significa jamón. Imagino a los lusos que vean la tele española extrañarse con tanto jamón terrorista como tenemos en el terruño vecino) no impide que me entristezca escuchar una noticia de este tipo. Bueno, me alegro porque presuntamente se haya evitado una tragedia, pero no tanto porque se pueda romper la convivencia en un barrio y en una ciudad que, como pocas, asimila un importante volumen de inmigración con relativa fluidez (desde el punto de vista de un manchego que la visita de cuando en cuando).

Y estos son los Che Sudaka, un conjunto argentino nacido en BCN, precisamente en el Bar Mariatchi, cantando Cosmopolitan Time, todo un retrato de la multiculturalidad barcelonesa (quería poner Silence Raval, pero no he podido hacerme con ella).



RAVALEJAR de STEFANO NICOLI
musica: STEFANO NOTTOLI/CHE SUDAKA/BØSNERVØS

Ravalejar (parte 1.)
Ravalejar (parte 2.)
Ravalejar (parte 3.)

3 comentarios:

Mandarina azul dijo...

Pues, como además de endilgar chorros de zumo, soy una torpe (y no precisamente presunta torpe), no he sabido quitar el sonido de Gemma Nierga de la anterior entrada, así que me ha tocado escuchar a los Che Sudaka con el sonido de fondo...

Espero que tu hermana se haya recuperado ya del sobresalto, y también que tu preocupación porque prosiga la convivencia pacífica del barrio se quede sólo en eso, en una preocupación.

:)

Le Mosquito dijo...

Peliagudo asunto, Agnos. Lo es porque se mezclan realidades y ficciones. Mejor dicho: existen realidades terroristas sin cuantificar que crean ficciones en las que unos pocos intentan aparecer ante la opinión pública (y la sensibilidad privada) como un total. Así, se crea el imaginario por el cual un color de piel o un acento es, de todas todas, terrorista.
Pasa un poco igual con los terroristas católicos, representados estos por cardenales, obispos... que se arrogan el derecho de la creación de un dios, y a su imagen y semejanza (qué miedo, siento terror). Con estos terrores, hoy verbales (ayer, carnales -y hoy también-) cualquiera podría peensar que todos los católicos, o todos los cristianos, son terroristas, y de eso, nada. Como buen ateo cuento con un buen número de amigos cristianos, católicos, que nada tienen que ver con aquellos que dicen representarlos, y que son críticos con sus actitudes. Y cuando digo "críticos", me refiero a que desean que se vayan, que se vayan, que se vayan y no metan más miedo en el cuerpo.

Agnóstico Apático dijo...

mandarina azul, el reproductor ese de la Ser me parece a mí que no furula muy bien. Mi hermana no está especialmente preocupada. Creo que lo hemos estado más nosotros, si acaso.

sí, comparto lo que has dicho le mosquito, pese a que la Historia nos indica el camino de lo que NO se ha de hacer, es fácil que la gente caiga en la generalización fácil, sobretodo cuando se trata de gente tan distina culturalmente a los aborígenes peninsulares. Tema delicado con el que tenemos que lidiar.