lunes, 16 de julio de 2007

Stan y por qué el ejército no pasa a Santiago de Atitlán

Volcán y lago Atitlán desde Panajachel

Aún se puede ver con precisión la uña que provocó el deslave a lo largo del volcán. Se avisó tarde, pero aún así a tiempo de poder desalojar a un gran número familias que vivían en el valle. Muchas se resisitieron al no creer lo que se les anunciaba podía suceder. Familias humiles, construcciones débiles, nocturnidad: murieron al menos 200 personas. Hay un número indefinido de desaparecidos. Se rescataron los cuerpos de familias completas, algunas de 15 ó 16 miembros. Algunas de ellas aparecieron abrazadas. Lo recuerdan como el deslave: el volcán literalmente se desmoronó, cayendo piedras tan grandes como algunas casas y un gran caudal de lodo proveniente de la saturación del cráter. Llovió durante una semana sin cesar, incluso mientras se realizaban las tareas de rescate.



Una de las pocas viviendas que medio aguantaron el deslave

El recorrido que hicimos ayer por la zona afectada por el huracán Stan fue escalofriante. Quedan marcas de manos que buscaban donde agarrar para no ser arrastradas por la corriente de lodo en algunas paredes (imagen de abajo). Se pueden observar edificios (los de buenos materiales) semienterrados. Después de dos años de la catástrofe gran parte de las familias afectadas siguen viviendo en el mismo sitio en barracones extremadamente débiles. Llegó abundante ayuda humanitaria en su momento, que pronto fue destinada a otras catástrofes: Pakistán, Tsunami... y se paralizó la construcción de nuevas casa pues corrían similares riesgos. El dinero se esfumó y ahí están, abandonados a su suerte por la cooperación y, sobretodo, por sus administraciones, además de olvidados por la prensa. El ayuntamiento no tiene tierras, las que que ocupan ahora están cedidas por la iglesia. Los precios de las tierras de 3000 Q (300 €) han subido a 50000 Q (5000 €) en estos dos años.


Al volver de la zona afectada por el Stan, pasamos por el Parque de la Paz. En diciembre de 1990, en los años finales de los 36 de conflicto armado que asolaron Guatemala (ejécito apoyado por los EEUU frente a guerrillas), un oficial borracho en una cantina desveló el nombre de algunas de las personas que esa noche asesinarían (política del terror, denuncias por venganzas personales...). Uno de los que aparecían en la lista se enteró y se tocó a arrebato en la iglesia convocando al pueblo. Se decició echar a los militares del municipio hartos de tanta violencia. Lo hicieron. Después pacíficamente quisieron hablar con ellos en las afueras de la localidad. Mayores y pequeños con banderas y ánimo de dialogar salieron a su encuentro. Los militares dispararon indiscriminadamente. Murieron 13 personas, algunos niños. Desde entonces en Santiago de Atitlán no entra el ejército. Existe un convenio actualmente con el Estado para que esto no ocurra. Nadie viste de verde militar y no quieren ni oír hablar de ellos.

Además de todo esto los niños siguen comiéndose frutas a veces podridas. El otro día ví a una niña rebañar los gusanos de un mango. Un niño de las escuela de Tzanchaj hace unos días me vio montado en una picop y salió corriendo tras ella gritando mi nombre. Las emociones aquí están flor de piel en cada momento. Como cuando dimos el taller de mates a jóvenes discapacitados que se muestra en la foto.


Los último días han sido de algunas averías. Si no se atascaba la taza del WC (afortunados somos de tenerla) nos quedábamos sin agua o sin luz, algo bastante habitual.

La conviencia de los 20 hasta el momento está siendo impecable en mi opinión. Y la visita de la Ministra de Eduación para ponder la primera piedra de algún que otro colegio ha sido todo un máster en política centroaméricana. Esperemos que el 9 de septiembre cambien algunas cosas, y si no, en 2012, donde según el Popol-vuh la civilización Maya resurgirá con fuerza y retomará su liderazgo.


Niña en el mercado de Sololá

6 comentarios:

juan rafael dijo...

Las catastrofes naturales no respetan, pero que no lo hagan los militares...
Sigue así.
Saludos.

el llamado perdido dijo...

joder, después de leer estas cosas se queda uno sin aliento. Qué vida más tonta...
Las fotografías son tremendas, lo que cuentas también.
Un abrazo bien fuerte.

Agnóstico Apático dijo...

Los militares no pasan al pueblo ni en cuando se producen catástrofes naturales: Los corren a gorrazos

Marafarrico dijo...

puff...

amandine dijo...

tremendo, niño.

tremendo.

Anónimo dijo...

Enohorabuena por este blog!! es una idea buenísima, además gracias a él puedo revivir un poquito.No paro de recordar...hace un año era yo quien estaba allí, en el Eden, con Carola y subiendo esa empinadacuesta hacia Chacayá... no sabeis como os envidio, disfrutarlo a tope abriendo vuestra mente todo lo que podais.Aquí,en la Mancha,os esperamos para continuar ligados de alguna manera a los atitecos.
Noe, eres la mejor!!!
Un abrazo!!