martes, 26 de junio de 2007

Tortura

No me gusta nada el empalamiento, ni la bota malaya, ni el cepo chino, ni el cinturón de San Erasmo.
No me agrada la cuna de Judas ni el desgarrador de senos.
La doncella de hierro de bonito tiene el nombre, como la flauta del alborotador.
Nada me llama del Crimen de Cuenca ni Abu Ghraib.
La gota china y la limpieza del alma no me hacen mucha gracia.
El strappado y el toro de Falaris como que tampoco.
Oye pana, no me gusta nada la corbata colombiana, no señor.




4 comentarios:

juan rafael dijo...

¡Que gustos más raros no tienes! je,je.

sacris dijo...

Mira que el hombre tiene imaginación para hacer el mal, lo que puede llegar a inventar....

el llamado perdido dijo...

ya, hace poco me encontré por casualidad con una exposición de utensilios de tortura en un parque cualquiera en la que además había ilustraciones que mostraban las caras de dolor de los sometidos y resultó bastante desagradable.
El ser humano puede llegar a ser muy indiferente ante el dolor de otros humanos. A menudo ocurre por ignorancia, distancia geográfica, desconocimiento... como en tantas guerras salvajes y estúpidas, como en tantas situaciones injustas que llegan a nosotros sólo de "pasada".

Pero dedicar tanto esfuerzo e ingenio para provocar el dolor...

Dan ganas de vomitar.

Agnóstico Apático dijo...

Si, Juan Rafael, hay algunas excentricidades de las que me privo.

sacris, imaginación al poder, y a qué nivel.

llamado perdido, el hombre (y la mujer) tienen algunas cualidades y capacidades que asustan cuando salen a la luz. Qué bonito que fuéramos todos más normalitos y no nos dedicáramos a putear al personal.