miércoles, 11 de febrero de 2009

Propuestas contra la crisis


Algo empieza a moverse. Al margen de las grandes centrales sindicales que se han dormido durante años en los laureles y sin poderse saber qué alcance puede tener. Algo se empieza a mover contra el sistema económico y político causante de una crisis económica cuyos efectos también desconocemos, aunque se dice que puede ser más grave que la del 29. Hay gente como el colectivo Crisis que ha formulado una propuesta para una Huelga General. Si se lee con detalle la apuesta es radical y ambiciosa y no coyuntural. Se trataría de una huelga indefinida hasta que los bancos devolvieran los 100.000.000.000 de euros, que diera una vuelta al sistema, preparada desde los barrios, desde los foros sociales, desde la base, descentralizada. Vamos, una revolución bajo el principio de la no violencia activa.

Soy escéptico en cuanto a la aceptación que puede tener entre la gente una propuesta de este tipo, aunque, como bien se explica en la introducción, hay antecedentes históricos que se asemejan a esta iniciativa. Creo que se obvia algo: si el capitalismo ha triunfado es porque la batalla psicológica ha sido ganada entre la población. Casi tod@s somos capitalistas, casi tod@s consumistas y tenemos un miedo atroz a contrariar al sistema. Y las mentalidades no cambian de un día para otro.

Hay otros que proponen reformas generales (radicales) como las que se llevaron a cabo durante la II República. Por ejemplo Jesús Gómez Gutiérrez en su entrada "Política de cariño":

Beatriz Corredor, ministra de Vivienda, ha planteado esta semana una de las iniciativas sociales más valientes y eficaces que se han visto en España. En plena recesión, en un país con precios del primer mundo y salarios del tercero, ante cifras de parados que se acercan a los cuatro millones y la desaparición fáctica del derecho a la vivienda, ese capricho de la Constitución que se incumple tan natural como sistemáticamente, opta por pedir a los bancos y a las Cajas de Ahorro que «miren con cariño a las familias».

La realidad, gran maestra, quiso que horas después de leer las declaraciones de la ministra me llegara una demostración de la sensibilidad de los bancos y, por inacción evidente, también del Gobierno: una orden de deshaucio (las casualidades parecen un subproducto del sentido del humor). Pero al margen de casos personales, que por el mío no suma ni resta nada a los hechos colectivos, quizás haya llegado el momento de que empecemos a preguntarnos sobre la capacidad profesional de las personas que dirigen España. Y no me refiero exclusivamente a las de hoy, mezcla de buenismo, beatería y miedo al conflicto con los poderosos; ni a los de ayer, los ladrones de siempre, el clan franquista; ni a los de anteayer, santos e inmaculados padres de nuestra ya no tan joven democracia. Hablo en términos estructurales, con perdón.

Tenemos una clase empresarial que es incapaz de crear más tejido productivo que el derivado del ladrillo, la usura y la competencia con el entorno por el camino de los salarios bajos. Eso no es un problema simplemente económico, es decir, no es algo que afecte únicamente a lo que entendemos por economía sino a todos los aspectos de nuestra sociedad. No producimos ciencia; no somos nada en investigación; si hablamos de cultura, vivimos del pasado y del genio individual, que no ha dependido nunca de los gobiernos; nuestras exportaciones, las que nos van quedando, son de naranjas y aceite de oliva; y cuando alguna vez se abren vías de desarrollo reales, campos donde nuestra producción técnica puede tener algo que decir, la debilidad de todo el sistema, Estado incluido, se encarga de convertirlo en anécdota.

Estoy seguro de que saldremos de esta crisis, y también de que vendrán otras. Pero con independencia de los cambios que se produzcan más allá de nuestras fronteras, España necesita un programa reformista general que ningún Gobierno se ha atrevido a llevar a cabo desde la II República. También lo hemos visto esta semana con la cobardía del Ejecutivo ante la Iglesia católica, que arroja una duda especialmente inquietante sobre el proyecto del Partido Socialista actual: si no se atreven con lo más fácil, cómo se van a atrever con lo difícil. Nada, ni una sola cosa en lo que llamamos política, ha sido nunca una cuestión de cariño; salvo que quieran llenarnos de tanto amor que mañana, si tenemos la posibilidad de devolverlo, nos salga directo como un puño.

Madrid, 11 de febrero.

— Jesús Gómez Gutiérrez


2 comentarios:

Pedro Mellado dijo...

La idea es muy buena (sería increíble lo que se podría hacer si se gestionara desde los barrios), pero me temo que los bancos serían ya incapaces de devolver todo ese "líquido", estan jodidos, el gobierno ni ellos lo quieren decir, pero es así.
Su valor se basa en activos que no tienen el valor con el que los tasan (poseen 1 millón de viviendas sin vender con un valor superior al del mercado), por lo que tristemente podemos considerar a fondo perdido esas ayudas.
Solo nos queda estar atentos e impedir otras inyecciones previstas.

agnóstico apático dijo...

Me parece muy acertada tu apreciación. Probablemente ese dinero hay servido para tapar agujeros negros de los Bancos. Habrá que estar atentos pero no solo quejarnos cuando el mal está hecho sino adelantarnos y hacer lo posible por derribar este injusto sistema. La propuesta es muy ambiciosa pero poco realista teniendo en cuenta los intereses, la formación y la información de los trabajadores.