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viernes, 10 de septiembre de 2010

La huerta



Ayer fuimos a ver la huerta. "Nos pusieron" a currar nada más llegar. "Echemos tres azadones en la carretilla y a quitar malas hierbas". Al final la labor fue más fina de lo pensado, cuidando de no arrancar las zanahorias, los nabos y los rabanitos.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Pisto manchego

Hoy es fiesta en mi nuevo destino profesional. Esto junto a que ayer recogí mi primera cesta de una cooperativa de producción-distribución-consumo ecológico, que he conocido y la que me he sumado nada más llegar, ha propiciado que me haya pasado buena parte del día indagando entre recetas culinarias y enredando en la cocina.

Resultado: mi primer pisto manchego, de trozos irregulares y escaso de pimiento rojo. Curiosamente ahora que no estoy en la Mancha. Aunque mucho de lo que hasta ahora he vivido no difiere en nada de lo que venía a ser la intensa cotidianeidad de Ciudad Real.

Según vaya conociendo el funcionamiento de la coope, iré informando. De momento podemos decir que se trata de una alternativa a la comida industrial, que perjudica nuestra salud, provoca grandes desequilibrios sociales, económicos y ambientales en todo el planeta. Las cooperativas unitarias de producción-distribución-consumo crean las condiciones necesarias para el autoabastecimiento en el que todas las partes deciden conjuntamente sobre el proceso.


viernes, 23 de julio de 2010

Mi abuela y MAFO

Miguel Ángel Fernández Ordóñez en CNN+ hablando de un test de estrés (pobres) realizado a los bancos españoles y europeos. Mi abuela impasible en su butaca. Yo en otra trabajando en el portátil. Las palabras capital, tensionado, costes, reestructuración, morosidad, riesgo, beneficios, me están ciertamente agrediendo y, como estoy centrado en otra cosa y no muy pendiente del discurso del gobernador del Banco de España, decido cambiar de canal (por lo general a mi abuela le da igual lo que esté puesto en la caja tonta, con la excepción de Televaldepeñas-que aquí no hay- o del Dr. Torreiglesias- de vacaciones). Nada más pulsar el botón del mando me dice ¡¿Qué haces?!. Quedo atónito y mientras vuelvo al nº 8 contesto cambiar... es que están hablando de bancos. Ya -contesta- de dineros, que están todos arruinados. Ese señor es tartamudo, ¿no?- pregunta justo después de un pequeño momento de duda del gobernador. Sí, bueno... - le digo. Ahora estoy más atento a su actitud y está completamente absorta por la charleta de MAFO. Luego le diré que me haga un resumen.

sábado, 19 de junio de 2010

En el talego (Un país como todos [3/7])

Encadenemos en un lugar sin tiempo y con memoria
donde el espacio es un vacío del que no se puede huir
toda nuestra hipocresía.
Rubén

Íbamos tres. La tercera en cuestión, confundida tras poco dormir, pensaba que la Cárcel era un pueblo de Madrid. En realidad hay pueblos más pequeños y allí, en el Centro Penitenciario de Navalcarnero, viven más personas que en muchas localidades españolas.

Una vez resuelto el malentendido, pasamos por los pertinentes controles de seguridad y llegamos a un salón de actos donde fueron llegando por goteo internos de diferentes módulos de la prisión, entre ellos de los conocidos como módulos de respeto. Según se lee en la web de Solidarios para el Desarrollo, la organización que nos invitó a presentar el documental, "los módulos de respeto son una forma de organizar la convivencia dentro de las prisiones, ya que en ellos son los propios internos quienes se comprometen a establecer un "espacio de convivencia". 

Y, efectivamente, la convivencia entre los asistentes parecía muy buena. Me llamó la atención no sólo ese buen rollo entre ellos, sino también sus certeras intervenciones, la profundidad de sus opiniones y que prestaran tanta atención cuando, según nos dijeron, es de las pocas ocasiones en que pueden verse entre internos de diferentes módulos y es harto probable que aprovechen la ocasión para hablar entre sí. Sin duda, esas 20 personas eran más abiertas y respetuosas que la generalidad de la calle.

Parece que el docu les gustó y agradecieron la visita. Nosotros salimos después de casi dos horas satisfechos con la experiencia y muy emocionados. En la última media hora de charla tuvimos la oportunidad de conocer algunas historias, como la de quien se había sacado el título de secundaria en la cárcel y pensaba en proseguir con los estudios o quien contaba su experiencia de tres días de permiso con su hija tras 17 meses sin salir a la calle.

Seguro que tras esos muros, vallas y alambres con púas, se dan experiencias muy diferentes a las que vivimos. Algunas de ellas o, al menos, las cavilaciones y sentimientos que les induce la falta de libertad, las expresan en un blog Rubén y Moisés: ¿Hay alguien ahí?.

viernes, 21 de mayo de 2010

Página en blanco

Pues aquí estamos, de vuelta. Espero que esta vez sea de verdad, y después de un par de vueltas en falso y una muerte en falso del blog, volver a compartir vivencias y chorradas varias no sea algo que se me haga cuesta arriba.

Llevo unos años (casi sí me acuerdo) sin usar el blog, después de dejar en la estacada blogoríferamente hablando al amigo Agnóstico, que a pesar de todo me sigue hablando y no sé si voy a ser capaz de volver a coger el ritmo y el gusto a esto... pero intención no me falta.

Lo dicho, vuelta a empezar :-)

Nos vemos!!

lunes, 19 de abril de 2010

Sabemos quién eres


Comentaba con mi padre que la inspiración a la hora de escribir había decaído considerablemente desde mis historias falangistas. - Normal, tenías todo el tiempo del mundo para darle a la cabeza. Al poco, hemos subido al trastero para coger un ordenador antiguo al que estábamos pensando dar un nuevo uso y, en un descuido, un teclado kamikaze, camuflado dentro de una bolsa de plástico, ha despegado desde la torre del PC, planeando por encima de la cabeza de agnóstico grande y aterrizando justo en la raíz de la uña del primer ortejo de mi pie izquierdo. ¡Zas!. Un ataque selectivo y tremendamente eficaz. No he tardado en imaginar el progresivo ennegrecimiento de la pezuña hasta su desprendimiento total, como suele pasar en estos casos, mal que le pese a mi compungido progenitor. Qué le vamos a hacer. Otro estúpido (no va por tí, padre) accidente doméstico. Quizás vuelva la inspiración, aunque sólo sea por el placer de reírse de uno mismo.

Mientras mi madre me pide que le recuerde (busque) la definición de "oxímoron" y "pleonasmo" (dos palabras feas como ellas solas) para entender un artículo del periódico, tengo la pata nuevamente en alto, eso sí, teñida ahora en su extremo de naranja betadine.

De lo que realmente pretendía hablar en esta enredada entrada era del cartel que el presidente vitalicio (las ideas monárquicas traspasan todas las capas de la sociedad) de la comunidad de vecinos de mi abuela ha colgado a la entrada de la misma. Me he acojonado al leerlo porque me ha parecido salir del folio un gran dedo acusador que se me metía en el ojo. Es la falta de sueño. Supongo.

Mi abuela, acertadamente, piensa que es un mensaje ofensivo para cualquier visitante, incluso para los mismos propietarios de los pisos del inmueble. Pero claro, ella pertenece al pueblo llano, a la larga lista de pensionistas octogenarios cuatrocientoseuristas que, en un bloque de esas características, poco tienen que decir. Ella no entiende que esos mensajes dignos de algún personajillo salido de El Padrino o de La Gürtel tienen su eficacia y que así, a las claras, nos entendemos todos mucho mejor. Yo hubiera añadido un retrato robot y un "se busca a este hijoputa" pero entiendo que la asertividad y la diplomacia han de tener su espacio de vez en cuando en las relaciones sociales, que luego improvisamos discursos cargados de visceralidad que no nos hacen ningún bien. Se lo digo yo.



El Betadine me ha hecho recordar a Mercromina:

jueves, 4 de marzo de 2010

Ortografía en comisaría

Vengo de comisaría, un lugar en el que reconozco no sentirme muy a gusto. Aún tengo algunos recuerdos de malas experiencias en el trato con señores uniformados en Cuenca o recientemente en Ciudad Real. Bien, pues he ido a poner una denuncia y todo ha ido rápido y sobre ruedas (¿ruedas?). Dos jovencitos de prácticas observaban cómo otro poli anotaba los detalles del robo de la bici. Entremedias se lamentaban junto a otros  compañeros por no haber llegado a tiempo a detener a un atracador de ancianas. Al parecer había tirado a la vieja en cuestión al suelo y se había ido con las joyas poco antes de que llegaran.

Al final de la redacción me pasa la hoja impresa y, como tengo el mal vicio de buscar inmediatamente las faltas de ortografía, me ha venido al pelo su siguiente pregunta: "¿alguna falta de ortografía?". Sí, "sustraído" lleva tilde en la 'i' porque se rompe el diptongo. Uno de los alumnos de madero apunta "porque es débil, ¿no?"...

Luego el redactor jefe me ha preguntado, al saber de mi oficio, por cómo los cacos pueden desactivar las alarmas de recreativos, joyerías, etc., Práctica, al parecer, cada vez más extendida y a la que no acaban de dar solución.

(Esta noche el cuerpo me pide comisaría...)

domingo, 28 de febrero de 2010

Me han robado la bici



Hace 6 años empecé a trabajar en un pueblo de la sierra madrileña. Era necesario ir en coche para estar allí cada mañana si no quería dejar el piso que compartía en la capital. Mis padres me dejaron un pequeño todoterreno alto y estrecho que amagaba con volcar en las curvas, bailaba al son del viento que cruzaba la A-1 y se chupaba un cuarto de mi salario convertido en gasolina súper. Decidí comprar uno más seguro y que gastara menos. Al mes de hacerme con él me destinaron y me trasladé a vivir a un pueblo de Toledo para el que ya no era necesario.

El año pasado vivía de alquiler en casa de una prima. Andando al trabajo tardaba casi media hora y me parecía un exceso primermundista ir con el coche (y un exceso físico ir andando) así que compré una bici y comencé a utilizarla para llegar a casi cualquier sitio. Al poco tiempo mi prima vendió el piso y me fui a vivir a un lugar que está a 7 minutos a pie del curro y bastante cerca de todos los sitios que frecuento. Ya tampoco me hacía falta la bici. Aun así, mi compañero de piso y yo la usamos a menudo.

Hoy precisamente, que hacía un estupendo día primaveral, hemos salido un grupo de amigos a hacer una ruta por los verdes y húmedos campos manchegos, tomar unas cañas en un pueblo cercano y volvernos antes de que anocheciera. La rueda delantera se ha pinchado pero rápidamente una compa me ha ofrecido un gel mágico que llevaba consigo y que ha rellenado la cámara y me ha permitido volver a la urbe sin mayor problema. Después he ido a casa de otra amiga y he dejado la bici amarrada a unos barrotes dentro del portal de su edificio. Dos horas después sólo quedaban de ella mis recuerdos y cuatro cachos del plástico que cubría la cerradura del candado.

¡Me han robado la **** bici!. Mejor dicho: ¡un/a **** ** **** me ha robado la bici!.

Be hache, mi segunda compañera de piso, ya que tenía hasta una habitación para ella sóla (aunque solía compartirla con tablas de planchar, maletas y otros trastos que misteriosamente aparecen cada vez que recibimos visitas), se había portado excelentemente hasta la fecha. Ni un pinchazo, ni una salida de cadena, ni una caída. Con ella he conocido caminos, puentes e incluso piscinas naturales. Ains. Se le va a echar de menos, pero lucharé por recuperarla. Habrá que poner esa denuncia y preguntar a ese adolescente piratilla por los lugares donde se trafica con bicicletas robadas.

Y, por si alguien la reconoce en alguna calle ciudadrealeña, es tal que así, aunque con un sillín diferente en el que pone 'gel' (esto es lo que la puede distinguir de otras) ya que también me robaron el original.

viernes, 1 de enero de 2010

No abrir hasta 2010

Un día de principios de 1994 a Lackland y a mí nos dio por guardar unos cuantos futuros recuerdos de nuestra infancia en una caja de zapatillas J'hayber, las que siempre usé por eso de que la fábrica, con unos precios sin competencia, estuviera cerca de la casa de mis abuelos.
Hoy tocaba abrirla. Del contenido de la caja algunas cosas no nos decían nada, ni sabíamos por qué estaban ahí. Con la mayoría nos hemos inflado a reír. Leyendo, por ejemplo, una redacción para el cole sobre José Luis Borges y otra sobre Aytor Senna. Han ido apareciendo posters de los Caballeros del Zodíaco y de motociclismo, pegatinas de V y de los Toys, pequeños países y gentes menudas. En fin, un agradable ejercicio de memoria y un poco de nostalgia.

(ojo a la chapa, que guardé con especial cariño, de la visita de los reyes a Valdepeñas)
Lo mejor de abrirla 17 años después, los dos juntos e igual de amigos, ha sido escuchar un par de cintas en las que grabamos programas de radio de Lackland cuando contaba 10 u 11 años, canciones que nos gustaban, declaraciones sobre el nombre que pondría a los hijos que no tengo, conversaciones y apuestas sobre deportes, sobre la insumisión al ejército y en las que dábamos un pormenorizado repaso a nuestros compañeros de pupitre de entonces. El contenido de estas opiniones mejor nos lo reservamos.
En la caja hemos encontrado algunas revistas de la escuela. En una de ellas publicamos un artículo junto a otros compañeros sobre unas pintadas nazis aparecidas en nuestro pueblo por aquellas fechas (marzo del 94). Éste es:
(años después descubrimos que el poema no era de Brecht, sino de Niemüller)

viernes, 4 de diciembre de 2009

Donde el hombre medicina


9.15. Entrada al Hospital General. Un señor se me acerca y dice pero hombre, ¿por qué no ha llegado hasta donde las ambulancias?. Yo cuando traigo a mi hija lo hago así. Te va a costar mucho llegar con las muletas. - No se preocupe, así hago algo de ejercicio. - Ah, bueno. Es que a los gitanos no nos gusta andar. -¿?

9.30. Sala de espera de Radiodiagnóstico. De la puerta 7 sale una mujer. Me nombra. Paso. Ponlo así, gira asá. Veo a la señora del revés por la ventana. La escayola se me clava en la articulación y pienso en la trombosis. Listo.

10.19. Sala de espera de Traumatología. Mi chófer dice: el colmo de la puntualidad es que te llamaran a y veinte. Nos habría salido la mañana perfecta. Se abre una puerta.

10.20. Consulta 87 de Traumatología. El médico examina la radiografía. Corta la venda. Quita la escayola. La enfermera observa. Tienes el dedo roto para 3 ó 4 semanas más pero puedes ir apoyando con cuidado el tacón o el pie plano. No es que sea plano, es que así he de ponerlo. Adiós a los moratones en la barriga, adiós (espero) a la muñeca derecha abierta por culpa del peso soportado.

10.30. Mesa de citaciones de trauma. Mientras mi chófer y yo nos felicitamos por el buen trato recibido y la puntualidad palestina, una mujer grita en otra mesa ¡Quién me paga a mí el autobús!.

11.05. Cafetería. Una pareja “despistada” se lleva la bandeja con los cafés y las tostadas antes de pasar por caja. Oiga, disculpen, tienen que pagar. Cara de estupor. Vaya, perdone, no hemos caído.

12.30. RNE1. De regreso al pueblo un estudiante de un colegio religioso dice en el Parlamento que los sindicatos le bailan el agua al gobierno. Le cortan la palabra. Pienso dos cosas: Deberían haberle dejado terminar la frasecita. Los sindicatos no le bailan el agua al gobierno, sino al sistema.


miércoles, 2 de diciembre de 2009

Burocracia (falangista)


No hay acuerdo. Las diferentes f(r)acciones de la falange parece que siguen sin unirse. Por el momento no podemos adelantar más noticias al respecto, porque las visitas al médico hasta la fecha no han sido más clarificadoras que administrativas. Mejor dicho: burocráticas.

Resulta que el parte de baja que me rellenó, firmó y selló el doctor hace apenas seis días, el lunes tenía que haberse confirmado. O sea que no basta con que la radiografía, la traumatóloga y el médico en cuestión sentencien que tienes uno (o dos) dedos rotos. No. Antes del día 30 de ese mes tienes que ratificarlo. No vaya a ser que se produzca un efecto paranormal, que hayas sido tratado con un acelerador de partículas aplicado a procesos biológicos o que hayas trucado la placa. Ni siquiera, porque ninguna de estas tres opciones las podría haber comprobado el facultativo en cuestión ya que lo único que ha hecho ha sido saludarme, rellenar el parte, sellarlo, firmarlo y despedirme. De muy buenos modos, eso sí, pero sin mirarme la patachula. Sí ¿qué pasa?. Esta administración nuestra de cada día ¿no lee los respetabilísimos foros de salud en internet o qué?.

Otra. Para participar en un concurso de traslados hace falta un papelito llamado “hoja de servicios” que expide la misma institución a la que luego hay que entregárselo, para que comprueben (¿quién lo puede saber mejor que ellos?) los años trabajados. Hace una semana la pedí, prometieron mandarla a casa y así, confiado, he esperado a que llegara. Dado que el cartero no traía la poética misiva, ayer por la mañana llamé. Dos horas después de que uno de los tres teléfonos que me habían facilitado comunicara constantemente, el segundo nunca lo cogieran y el tercer o comunicara constantemente o nunca lo cogieran, por fin, alguien asomó por el auricular, no sin llevarme un buen susto por el inesperado incidente.

- No se lo vamos a mandar. Es que lo ha pedido demasiada gente.
- ¿?.
- Pero fíjese en la convocatoria, también se pueden presentar las tomas de posesión.
- Ya, pero es que me aseguraron que lo harían y la última toma aún no la han mandado a mi centro.
- La mandamos la semana pasada. Tiene que estar.

Efectivamente estaba. Mañana (por ayer) toca viaje al centro de la burocracia manchega. Kilómetros, gasolina, tiempo. Al menos cambio la pata de alto. De lo alto del sofá a lo alto del asiento del coche que (menos mal que tengo un padre jubilado) conduce mi chófer.

Resuelto el tema-trabajo vamos al tema-salud y, ¡oh leyes de Murphy!, el médico no aparece. Al cabo de un rato uno de los pacientes-pacientes dice:
- La semana pasada vine a por unos resultados, se había tomado el día libre y nos repartieron en otras consultas. Voy a bajar a preguntar.
 Nos miramos extrañados. Sube.
- Ya lo sabía yo. Que hoy no está. Ahora suben a poner un listado y nos intercalan en las consultas de otros médicos.

La mayor parte de la gente no había esperado a este momento y ya se había ido. Nosotros, como teníamos que entregar un papel con fecha de ayer, nos quedamos esperando ese instante en que la mano de la (en este caso) doctora, viajara en el tiempo.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Acontecimientos y maniobras en la Ciudad muert(ecit)a


Apático y Perdido fotografiados por el gran Zinar Ala

Extraña paradoja. Ayer en la Ciudad Muert(ecit)a coincidieron más o menos a la misma hora cinco magnos eventos: la presentación de la revista Autopsia en la nueva sede del Círculo de Bellas Artes y su ulterior parranda en el Travelling; la gala de entrega de premios del Festival de Cortos; el concierto de Adrián Usero en la tetería Pachamama; la fiesta del X Aniversario del rocanrolero bar El Perro; y la Masa Crítica, el mensual paseo colectivo en bicicleta que ocupa las calles céntricas de la ciudad. De hecho ayer se documentaron casos de desdoblamientos no astrales por la técnica de la ola azul en diferentes personajes de la capital manchega. La ocasión lo merecía. Hasta dentro de 75 ó 76 años no se volverá a producir una alineación de acontecimientos como ésta. Como el Halley. ¿O será que comienza a apercibirse un cambio de ciclo?. Será...


Aprovechando un desplazamiento motorizado de mi progenitor hacia un homenaje que la Escuela de Magisterio realizó a los maestros jubilados de la provincia (mañana enmarcaremos la hoja de lanza que compartimos), tuve la oportunidad de reencontrarme con la tropa capitalina. He de decir que a esta falange y media rotas y al cuerpo y mente que las sustentan no les faltaron atenciones. Que si chófer por aquí, que si sandwich del Openshop por allá. Tantas que aún me siento abrumado. Al llamado perdido sólo le faltó, cada vez que subíamos al baño, pasar conmigo y sustituir las muletas con sus fibrosos brazos, pero uno ya está acostumbrado a sostenerse a la pata coja, haciendo uso puntualmente de apoyos de la crisma en las paredes. A propósito (de las cosas que se da uno cuenta en determinadas coyunturas), ¿es legal que los baños estén sólo en las plantas de arriba de las tabernas?. Pa' mí que no.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Definitivamente falangista





Menos mal que no soy periodista. Porque tanta rectificación habría acabado en 48 horas con mi reputación. Que resulta que no es el metatarso, que volvemos con las falanges. Y digo “las” porque, según el médico ha escrito de manera legible en el parte de baja, hay “una o dos falanges rotas”. Se ve que no tenía ganas de seguir mirando la radiografía en la pantalla del ordenador y se ha decantado por una descripción apática. Una, la que se ve, está rota. La otra, puede ser, quizás... qué importa. Tu baja va a ser la misma- habrá pensado. La más rota (yo mismo la he visto en dos cachitos en el monitor) pertenecía al dedo nº 5 que, según mi jefe, al que me he encontrado por la calle, debe de ser el hueso más pequeño e inútil del cuerpo. Así lo ha corroborado el médico, que prevé, según las leyes de la evolución, una desaparición del mismo si la humanidad aguanta algún que otro milenio más. Un colega por teléfono me decía que sí, que lleva toda la razón, porque el de la mano aún sirve para sacarse los mocos.


Y creo que lo legible del manuscrito se ha debido a que previamente mi padre y un servidor comentábamos en voz alta la imposibilidad de descifrar el informe de traumatología y el hombre se ha esforzado cual alumno de primaria sobre un cuadernillo Rubio. Y digo yo, esto de la escritura de los médicos, que sólo ellos y farmacéuticos entienden ¿se tratará de un lenguaje auxiliar artificial? ¿un pidgin?, ¿será que hay tantos médicos foráneos que algún idioma extranjero está desplazando al castellano? ¿Estudian en la carrera cómo encriptar los mensajes facultativos? Aunque entonces... ¿dejarían de ser facultativos? ¿me podré matricular de libre configuración de esa asignatura?.


El amable doctor también me ha advertido de que el apoyamanos de la muleta no es para dejar colgando la pierna cuando me siente, por ejemplo, en las butacas de la sala de espera del centro de salud. Que ha visto más de un ingreso en Urgencias por este motivo, al parecer, provocador de trombosis. Lo que no entiendo es cómo lo ha podido saber si cuando ha salido a nombrarme ya tenía la pierna encima de la silla.


Pero ¿de verdad me estás diciendo que le diste una patada a la bañera?. ¿Sabes la fuerza que es necesaria para romper un hueso?. Con esas dos cuestiones en el aire, y sin saber decir si sí o si no, me despachaba el doctor, al que me había encontrado quince minutos antes en el bar y que no disimulaba su paquete de Marlboro en el bolsillo de la camisa, tensada por lo orondo de su tronco. Aunque para orondo como estaré si me siguen cebando de esta manera. ¿Por qué se tendrá más hambre cuando no se hace actividad física alguna que cuando se anda de un lado para otro?. Debe de ser psicológico... Además seré consciente cada día de la creciente acumulación de grasa a la altura del abdomen cuando a mediodía me agarre un buen pliegue de michelines para inyectarme la jeringa de Clexan40, a la que ya me he acostumbrado y no es pa' tanto. Al menos estoy haciendo una cura de humos. No he fumado ni un sauvage desde hace más de dos días.


Y, ojo, que no me meto con mi querido doctor. Es el primer médico de cabecera en Ciudad Real que me inspira confianza. Me iría de cañas con él tranquilamente.

imagen copyleft prestada por frankenstoen

martes, 24 de noviembre de 2009

A vueltas con el quinto metatarsiano




Una amiga enfermera a la que tengo en alta estima personal y profesional me ha dicho: Sal, toma café o dale la vuelta a la manzana. A tu mente le vendrá muy bien y así no tendrás que pincharte el anticoagulante. Así que aquí estoy tomando sal, comiendo manzanas y dándole vueltas al café. Todo eso, por supuesto, desde un sofá reclinable que me permite hacer un gran ejercicio diario, bajando y subiendo el apoyapiernas éste regulable.


Sinceramente casi hubiera preferido que el quinto metatarsiano (y no la falange como en un principio mi politizada mente creyó al leer el informe médico que todavía en casa nadie ha sido capaz de descifrar) se hubiera quebrado tras ser apisonado por las ruedas del Golf tuneado y el tontoelgolf ese que lo conduce y se suele proyectar bastante a menudo por la calle La Mata, apurando la frenada en la esquina de Mapfre en plan rally. Hubiera sido más heroico: Sí, sí, fui atacado a traición por un bakala golfero mientras me disponía a ayudar a una viejecita a cruzar la calle por un paso de cebra, camino de mi sesión semanal de yoga. Pero no, el destino es más prosaico y, para estos asuntos, siempre inoportuno.


Así que, al margen de una buena carga de trabajo y otras obligaciones que se han venido pegadas a la escayola (como dice mi padre, ¿de dónde sacaba yo el tiempo antes para trabajar? - exageramos un poco), me entretengo con el jubileta, que me cuenta los artificios que tuvieron que poner en práctica hace unos días para coser (al final voy a tener que aprender a tricotar) unos vaqueros que le costaron 5 € y cuyo arreglo de bajos valía 3 en la modista. ¿Cómo voy a pagar un 60% del precio del pantalón por cuatro pespuntes?. Así que acudieron prestos a casa de mi abuela, lúcida como pocas, pero con la vista bastante desgastada, a desempolvar la casi centenaria máquina Singer que, ¡oh! milagros del orden y la austeridad, aún conservaba su libro de instrucciones. Mi hermana, que sabe leer y curra en una tienda de moda japonesa en Londres, donde ha aprendido a zurcir con disciplina asiática, hizo el resto.


lunes, 23 de noviembre de 2009

Falange auténtica se fractura


Mis proyectos y rutinas personales han sufrido una ligera transformación de la noche (de ayer) a la mañana (de hoy). De ir a la presentación de la quinta edición de Autopsia este próximo viernes y mostrar un resumen de Un país como todos (Charlas en la encrucijada) junto a el llamado perdido, a una boda en Oporto para el puente de diciembre, a la asamblea de EMIS en escasos días o a la reunión del Foro de esta misma tarde (a parte del trabajo al que voy con no pocas ilusiones cada día), he pasado a mover los deditos del pie cada cinco minutos, cerrar los ojos para pincharme Heparina en los michelines de la panza y abastecerme de pelis, libros y apuntes con los que subsistir estos prometedores días de sofá y pierna en alto. Y todo esto porque a primera hora de la mañana a la bañera le dio por abalanzarse contra mi pie izquierdo cuando, a la vez que me estiraba, procedía a dejar con la mano izquierda la maquinilla de afeitar en su base y con la diestra intentaba alcanzar la alcachofa sumergida en el cubo que recoge el agua fría que el calentador averiado deja escapar antes de empezar a caldear, con el consiguiente efecto trágico sobre mi pequeña falange auténtica. Juro que, aunque fracturada, es auténtica. Duele, luego existe. Tanto bromear con que quería vegetar pa los restos, que al menos para los de este año creo que va a tocar mantener el pie en el tiesto. Y todo por un inservible huesecito con nombre fascista.

Imagen con licencia creative commons

sábado, 18 de octubre de 2008

Permiso, ¿eso del blog es aquí?

Tres semanas sin conectar el skype. Hoy me da por ponerlo, esperando encontrar a alguno de mis escasos contactos y ¡zas! aparece B, uno de los maestros con los que colaboré en Atitlán. Desde que B. creó su cuenta no había tenido oportunidad de darle uso y ha sido un estreno de lo más exitoso y agradable, al menos para mí.

Lo que hablábamos, lo que platicábamos flotaba en el aire del salón mientras mis padres se ocupaban de algunas de sus tareas profesionales y/o domésticas. Esa conversación cordial, tranquila, amistosa iba provocando sobresaltos en la aparente serenidad de mis progenitores. Al menos en dos ocasiones. Cuando B. ha contado que han vuelto a aparecer mantas* con nombres de personas conocidas y cuando ha comentado que a partir del próximo año el gobierno se va a hacer cargo de las facturas de luz, agua y teléfono de las escuelas. Hasta ahora las pagaban el claustro de maestros y los padres de alumnos.

Mi madre, que ha estado empapándose hasta el final de la charla mientras corregía los cuadernos de los futuros protagonistas de nuestro (cada vez más virtual y usurero) mundo, ha recibido indirectamente una dosis de realidad de la que aún no se ha recuperado. No es lo mismo leer en la prensa (si es que no nos las saltamos) las noticias que emanan violencia e injusticias a espuertas, revestidas de frías cifras, que escucharlas con sosiego, naturalidad y acento autóctono. En esta circunstancia nos atraviesan más capas de la conciencia que viendo El jardinero fiel (mañana a las 22.00 en la 1).

Me parece ésta una buena manera de retomar la costumbre de compartir nuestras reflexiones y experiencias en esta libreta pública. No sé cuál ha sido exactamente la razón que me ha mantenido alejado de los kbps y los feeds estas últimas semanas. Me vienen a la cabeza múltiples excusas pero no creo que sea ninguna la buena, como quizás tampoco eran buenas las varias y variadas ideas que estos días me tentaban a publicar algo: Desde el inexplicable precio de los aguacates en España o de las patatas en Guatemala a la experiencia de haber tenido que pasar por el aro y hacer bueno el lema de consume hasta morir cuando en mi última visita a la óptica salí con dos pares de gafas y dejé unas con la montura rotas cuyo arreglo suponía más coste que ir con dos nuevos modelitos. Lo bueno de esto es que ahora de vez en cuando me podré camuflar o quién sabe si convertir en gafapasta y explorar nuevas sensaciones. Gafapastas will conquer the world!.

Evidentemente, a poco del regreso, los contrastes son muchos, pero no sólo en el ámbito de lo material, sino que también produce extrañeza (de parecer extraño y de extrañar, arriesgándome a que algún o alguna purista del lenguaje me saque tarjeta amarilla) todo lo relacionado con las relaciones personales, el tono de voz, los protocolos de las reuniones o los simples saludos.

En la bonita cárcel con pádel y piscina en la que habito este año hay niños que corretean por las tardes y algunos saludan cuando uno pasa junto a ellos. Esto último me sorprende para bien porque venía con el prejuicio cargado de que aquí se habían perdido todos los valores de buena vecindad. Eso sí, pobres criaturas que viven en un micromundo virtual protegidas y a su vez aisladas del común de los mortales. Aunque, como hemos debatido ya en los últimos días, al menos, tienen la posibilidad de gastar sus energías y desarrollar su imaginación al margen del sofá, la televisión y la videoconsola, como ocurre con los niños de ciudad. De ciudades o de pueblos pensados más para los coches que para las personas. Volviendo al tema, no me acostumbro a los holas a secas y no buenos días, a los vengas y no que le vaya bien, pero aún así no está la cosa tan mal como para considerar la deriva hacia el individualismo como algo irreversible, pese a las campañas de Ikea que nos venden lo contrario.

* Amenazas contra la vida de personas escritas en sábanas y que, en muchos de los casos, si el afectado no pone tierra de por medio, se cumplen.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Buenas hierbas

Realmente Anita había venido a traerle un huipil a mi compañera de casa y de experiencia. Cuando llegó, con su sencillez, su sentido del humor y su extrema generosidad, le pregunté (por recomendación de la coordi) por algún tipo de hierba para la circulación (sentía las piernas algo cansadas). Me dijo que fuera a las tiendas del mercado y preguntara por un nombre impronunciable para mí, que, al parecer, identifica la enfermedad de "algunas personas que se acuestan normales y se levantan sin ganas de trabajar y con dolor en las piernas, como si el alma se estuviera marchando del cuerpo". No pude decirle que me lo escribiera porque no sabe, pero no hizo falta, porque (debe ser que vio mi cara de confusión ante tan indecible palabro) se ofreció a acompañarme al mercado.

Hasta allí fuimos, siendo observados por todo bicho viviente (no es normal ver a dos personas de diferente sexo andando por la calle si no son pareja o familiares, menos si uno de los dos es un gringo como yo). Pasamos a una tienda y pidió en tzutuhil los ingredientes para el medicamento que cura "lo que fuera". El tendero sacó una bolsa llena de hierbas y papelillos por la que nos cobró 10Q. Nuevamente, Anita se ofreció a preparalo y volvimos a la casa.

Pusimos a cocer el agua y fue echando y describiendo una a una las diferentes hierbas y demás sustancias que contenía la misteriosa bolsa: alucema, limonada, manzanilla, pasas, rosas blancas, rosa de jamaica, crema, canela, pimienta, dos tipos de polvos de dudosa procedencia, cebada (cuando le dije que de ahí se sacaba la cerveza se echó a reir y me avisó: "cuidado con ponerte bolo"), un tronquito llamado caibis o algo por el estilo, tamarindo y un par de sobres. Miré estos últimos y era ácido acetil salicílico. Le pedí que de eso no echara, que a mi estómago no se lo recomiendan nueve de cada diez gastroenterólogos. Por último añadió cantidades industriales de azúcar.

Anita dice, con su expresivo tono narrativo, que esta infusión se la dan a niños que están a punto de morir y, de repente, se recuperan. No sé si me recuperaré en este caso, pero les aseguro que está riquísima, aunque me está dando un sueño...

Luego quería fregar los cacharros. Me negué a ello y lo hice yo. "Un hombre lavando no me gusta", decía. Esa frase inició una conversación sobre el papel de la mujer y el hombre dentro y fuera del hogar, que culminó con que el viernes, aún cocinando un hombre, vendrá a una cena de despedida que haremos en casa.

J.

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No depende del profesor, depende de tí. Si tú quieres, y lo has demostrado (pues, sin haber pisado nunca una escuela antes de ser peón en esta obra, conoces las letras, algunas palabras y puedes estampar tu firma en los documentos) aprenderás lo que te propongas, incluso a ver los vídeos de Robinho con el Real. La compu no tiene sólo la información del país, sino de todo el mundo y hay que saber seleccionarla bien. Y manejarla ya ves que no es algo tan complejo. Ya levantas el ratón cuando te para algún obstáculo.

Mira, dicen que en toda América Latina en 2021 se erradicará el analfabetismo y el abandono escolar ya en primaria (antes de los 12 años) y que estudiar en la Universidad y en secundaria dejará de ser exclusivo de las clases altas. ¿Te lo crees?

lunes, 7 de julio de 2008

Buscando a Wally

ai

Manifestación tras la Asamblea General Federal de la Sección de Amnistía Internacional del Estado Español. Vitoria, 2007.

Gracias Anu-ka.

domingo, 29 de junio de 2008

Los pisos de alquiler son armas que carga el diablo

La verdad es que con tres cervezas y un buen vino valdepeñero a cualquiera se le pasa el cabreo (por momentos). Pero aún así la indignidad de algunos seres humanos sobrepasa los límites a los que uno está acostumbrado. La culpa de este rollo a mi entender es la codicia descontrolada de un casero. Un casero con al menos 10 pisitos alquilados en la ciudad (las adversidades hacen hombres; la prosperidad, monstruos). Uno de ellos cayó en mis manos, por suerte, por amistad... cayó. Y ahora 10 meses después no dejan de caer más que quebraderos de cabeza. ¿Alguien ve normal que a uno le cobren así porque sí la contribución de una vivienda de un año entero cuando (lo he leído al menos 5 veces esta tarde) en el contrato no aparece por ningún lado y encima no he estado ni diez meses? 178 euros con no sé cuantos porque al tío pijo le da la gana. Otros años al parecer no lo cobró, ahora sí. Que el frigo se haya pasado medio año congelando y el congelador medio año descongelando no es normal, pero para él sí: "Hombre, si se te hubiera puesto mala la comida, me lo hubieras dicho más veces... pero has ido tirando, no?"... O que el calentador caliente el agua cuando le apetezca también deber ser normal: "Eso es que le has conectado el enchufe al revés", dice. No me jodas... Lo último que me faltaba por oír (y lo he oído) es que debía de pagar la pintura del piso porque hay algunas marcas de haber pegado posters... Por momentos me he sentido un mezquino al recordarle que cuando me entregaron el piso él no fue a ver el estado del mismo y que no puede atribuirme todos los supuestos daños (insignificantes al entender de cualquier persona equilibrada). Lo he hecho por autodefensa, aunque debiera de haberme callado.
Me arrepiento ahora de no haber puesto en la declaración de la renta dónde habitaba. Era una cuestión difícil puesto que no aparecía la referencia catastral del piso. Es un tercero y sólo eran públicos los datos del bajo, primero y segundo. ¿Será que lo declara como trastero?

Y aunque no viene mucho a cuento (o sí...) les dejo con esta viñeta de Alberto Montt.