domingo, 26 de septiembre de 2010
¿Por qué voy?
Prefiero que sean los argumentos que me han parecido más aproximados al método científico en su obtención, y por tanto más honestos y creíbles, los que hablen por mí.
- Fundamentalmente recomiendo el powerpoint del profesor Vicenç Navarro, denominado Razones para la Huelga General.
- Pero también la lectura de los argumentos que expone el profesor Juan Torres López, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga y destacado miembro de ATTAC.
- Así como el artículo de Miquel A. Falguera i Baró, Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.
- No dejaría de escuchar lo que dicen los jueces denominados progresistas, entre otras cosas, sobre el debilitamiento del control judicial de los despidos.
- Y por último los inspectores de trabajo sobre el deterioro de las condiciones de trabajo y la creación de empleo.
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ASR
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Etiquetas: Huelga, Marrullería hispana
martes, 8 de junio de 2010
Huelga
Como he leído twiteado, hoy ha sido más bien un día de protesta contra los sindicatos que contra el gobierno, aunque no faltan razones para ello. Para que os hagáis una idea, en mi centro de trabajo ha secundado la huelga entre el 1 y el 5% de los compañeros. Yo no.
Soy consciente de que al escribir este texto me introduzco en un terreno resbaladizo en el que no me manejo bien, principalmente porque aún mantengo serias dudas sobre cuál era la decisión que personalmente debía haber adoptado hoy. Espero que los comentarios que aquí se dejen sirvan para despejarlas.
Primero he de explicar de qué sí estoy convencido. Y esto es:
- Los recortes sociales van a aumentar la pobreza entre los ancianos y adelgazar el estado social, que ya de por sí está a la cola de la Unión Europea.
- Además las medidas que congelan las pensiones y recortan los salarios de los funcionarios públicos son injustas (además de generar agravios comparativos entre ellos mismos) porque se hace pagar la crisis a quienes no han tenido la principal culpa de ella, dejando impunes a sus autores, cuando había otros posibles ajustes que no tocaran el gasto social y que eran más equitativos.
- Son impuestas por organismos internacionales no democráticos como el FMI, la OCDE o los llamados "mercados" (que son realmente especuladores que dirigen nuestras vidas y que tienen su refugio en los paraísos fiscales), ante los que el gobierno no ha rechistado.
- Es necesaria una movilización de toda la clase trabajadora (quizás una huelga general) para marcar una posición de fuerza que pueda parar la maquinaria neoliberal que se está imponiendo de manera brutal y empujar hacia un cambio de modelo económico.
Pero... ¿era esta huelga la mejor de las opciones? ¿tienen los sindicatos legitimidad y representatividad entre los funcionarios públicos? ¿están los funcionarios dormidos al calor de su estabilidad? Buscando respuesta a estas cuestiones durante los últimos días dediqué algo de tiempo a conocer y contrastar opiniones. Entre ellas, está la de Santiago, profesor de filosofía que se decantaba por no secundar la huelga con las siguientes razones (son extractos de un artículo más completo):
- [...] Después de cuatro millones de parados y no manifestarse ni una vez, ahora convocan una huelga para salvar las apariencias, ya que “cantaría mucho” no movilizarse ante un recorte salarial y social como el que ha caído. Viendo que UGT o CC. OO. viven de las subvenciones del gobierno, lo único que se pretende es que esta huelga sea un día de paseo y banderola sin más consecuencias.
- [...] Al trabajar en un instituto público, los padres de mi alumnado serán gente de clase media (muchos funcionarios como yo) que no tienen la culpa de absolutamente nada. Si, al menos, mis alumnos fueran hijos de banqueros…
- La huelga ha sido convocada después de que la medida se aprobara en el Parlamento. [...] ¿Qué sentido tiene manifestarse contra algo que ya ha sido aprobado? Tenemos certeza absoluta de que está huelga no va a cambiar la medida… [...] ¿Qué sentido tiene una protesta contra un sistema regulada por el propio sistema que, además, viendo sus resultados, no cambia el mismo sistema? [...]
- [...] ¿Alguien se creerá que nos movilizamos por el bien de la sociedad y no por nuestro bolsillo cuando hemos estado en silencio todos estos años? Entendería que los empleados del sector privado se sintieran ofendidos por esta huelga. Tristemente, esto consigue enfrentar a los pobres contra los pobres.
- A pesar de todo, no quiero que mi no asistencia sea considerada como una victoria por parte del gobierno. [...] Así, un instrumento de protesta, entendido como prensa, es este Blog, reforzando además la idea de que Internet es un medio democrático de comunicación y expresión de ideas (quizá sea la futura forma de hacer política viendo que la tradicional está fracasando).
De estos argumentos, que, junto a un compromiso previo con unos alumnos que no podía anular, me han hecho decantarme por acudir al trabajo, el segundo es el que me parece más dudoso, ya que una huelga inevitablemente causa molestias sí o sí a terceros en cualquiera de los casos. Todos estos puntos vienen rebatidos por otros compañeros en los comentarios del post.
Si os animáis aquí también se puede debatir.
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ASR
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Etiquetas: Cuestión capital, Educación, Huelga
miércoles, 11 de febrero de 2009
Propuestas contra la crisis
Soy escéptico en cuanto a la aceptación que puede tener entre la gente una propuesta de este tipo, aunque, como bien se explica en la introducción, hay antecedentes históricos que se asemejan a esta iniciativa. Creo que se obvia algo: si el capitalismo ha triunfado es porque la batalla psicológica ha sido ganada entre la población. Casi tod@s somos capitalistas, casi tod@s consumistas y tenemos un miedo atroz a contrariar al sistema. Y las mentalidades no cambian de un día para otro.
Hay otros que proponen reformas generales (radicales) como las que se llevaron a cabo durante la II República. Por ejemplo Jesús Gómez Gutiérrez en su entrada "Política de cariño":
Beatriz Corredor, ministra de Vivienda, ha planteado esta semana una de las iniciativas sociales más valientes y eficaces que se han visto en España. En plena recesión, en un país con precios del primer mundo y salarios del tercero, ante cifras de parados que se acercan a los cuatro millones y la desaparición fáctica del derecho a la vivienda, ese capricho de la Constitución que se incumple tan natural como sistemáticamente, opta por pedir a los bancos y a las Cajas de Ahorro que «miren con cariño a las familias».
La realidad, gran maestra, quiso que horas después de leer las declaraciones de la ministra me llegara una demostración de la sensibilidad de los bancos y, por inacción evidente, también del Gobierno: una orden de deshaucio (las casualidades parecen un subproducto del sentido del humor). Pero al margen de casos personales, que por el mío no suma ni resta nada a los hechos colectivos, quizás haya llegado el momento de que empecemos a preguntarnos sobre la capacidad profesional de las personas que dirigen España. Y no me refiero exclusivamente a las de hoy, mezcla de buenismo, beatería y miedo al conflicto con los poderosos; ni a los de ayer, los ladrones de siempre, el clan franquista; ni a los de anteayer, santos e inmaculados padres de nuestra ya no tan joven democracia. Hablo en términos estructurales, con perdón.
Tenemos una clase empresarial que es incapaz de crear más tejido productivo que el derivado del ladrillo, la usura y la competencia con el entorno por el camino de los salarios bajos. Eso no es un problema simplemente económico, es decir, no es algo que afecte únicamente a lo que entendemos por economía sino a todos los aspectos de nuestra sociedad. No producimos ciencia; no somos nada en investigación; si hablamos de cultura, vivimos del pasado y del genio individual, que no ha dependido nunca de los gobiernos; nuestras exportaciones, las que nos van quedando, son de naranjas y aceite de oliva; y cuando alguna vez se abren vías de desarrollo reales, campos donde nuestra producción técnica puede tener algo que decir, la debilidad de todo el sistema, Estado incluido, se encarga de convertirlo en anécdota.
Estoy seguro de que saldremos de esta crisis, y también de que vendrán otras. Pero con independencia de los cambios que se produzcan más allá de nuestras fronteras, España necesita un programa reformista general que ningún Gobierno se ha atrevido a llevar a cabo desde la II República. También lo hemos visto esta semana con la cobardía del Ejecutivo ante la Iglesia católica, que arroja una duda especialmente inquietante sobre el proyecto del Partido Socialista actual: si no se atreven con lo más fácil, cómo se van a atrever con lo difícil. Nada, ni una sola cosa en lo que llamamos política, ha sido nunca una cuestión de cariño; salvo que quieran llenarnos de tanto amor que mañana, si tenemos la posibilidad de devolverlo, nos salga directo como un puño.
Madrid, 11 de febrero.
— Jesús Gómez Gutiérrez
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Etiquetas: Cuestión capital, Huelga

