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viernes, 14 de mayo de 2010

Desapariciones forzadas. Guatemala y España

Guatemala. Casi 50.000 víctimas de desapariciones forzadas en su reciente historia. A finales del pasado año el ex comisionado militar Felipe Cusanero se ha convertido en el primer condenado a prisión en Guatemala por desapariciones durante el conflicto armado (1960-1996), al haber sido encontrado culpable de la desaparición de seis indígenas entre 1982 y 1984 (Lorenzo Ávila, Alejo Culajay, Filomena López, Encarnación López, Santiago Sutuj y Mario Augusto Tay).





Un juez español ordenó a finales de 2009 la busca y captura internacional y el ingreso en prisión del capitán guatemalteco José Antonio Solares, imputado como organizador de las matanzas de Rionegro, ejecutadas el 13 de mayo de 1982. Esas matanzas, según el juez, "supusieron la ejecución, tortura, privación de libertad y desaparición forzada de 1.545 personas" de la etnia Maya Achi.

Guatemala ha sido elegida miembro del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas por 180 votos.



España. Más de 100.000 desapariciones forzadas en su haber sin esclarecer. Un juez, cumpliendo con las obligaciones internacionales del Estado, decide investigar. Se le aparta de la carrera judicial.

España ha sido elegida miembro del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas por 177 votos.

¿Con qué legitimidad podrá el Estado español a partir de ahora señalar las violaciones de DDHH en otros países desde la Audiencia Nacional o desde la ONU?

Más sobre el caso guatemalteco:

Un funeral que dura cuatro décadas.

- H.I.J.O.S.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Desaparecidos (II)

Son cuatro paginillas de nada. Para un profano en los vericuetos de la jurisprudencia está bien explicado y parece quedar claro que la urgencia con que el fiscal Zaragoza se ha interpuesto en el camino de Garzón, en su afán por investigar los crímenes contra la humanidad de la Guerra Civil y el franquismo, evidencia su ánimo de dejar todo como está, bien enterradito. Además las apreciaciones de Amnistía Internacional descubren una buena lista de inconsistencias jurídicas en el escrito del citado fiscal.

Si han podido ver el Telediario del mediodía habrán escuchado a Esteban Beltrán decir algo así:

"hay más víctimas denunciadas de desaparición forzada con nombre y apellidos que en toda América Latina en los últimos cuarenta años"

Para percatarse de la doble moral de algunos líderes de opinión al respecto no hay más que leer las editoriales del diario El Mundo en estas fechas y hace 10 años, tras las primeras actuaciones del mismo juez contra Pinochet. No tienen desperdicio.

Me temo que algunos acabarán encontrando razones como las de Mi Mesa Cojea:

Las 10 razones para no abrir las fosas comunes

1. El olor.

2. Las obras reducirán los arcenes, con el consiguiente peligro para los peatones y los ciclistas.

3. Alteración del ambiente natural de los gusanos, con consecuencias impredecibles para esta especie.

4. Hay gente que igual no quiere que la saquen de las fosas, ¿se les ha consultado algo a ellos?

5. El terreno libre de cadáveres será inmediatamente recalificado para que hagan dinero los de siempre.

6. La cremación de todos esos cadáveres liberará muchísimo CO2, lo cual es malísimo para el medioambiente.

7. La ubicación de las fosas no está documentada, por lo que alguno puede tomarse la justicia por su mano y hacerse una avería cavando justo encima de los cables de la luz.

8. Algunas fosas pueden encontrarse debajo de carreteras, y lo que no puede ser es que tengamos que desviar el tráfico pudiendo desviar la Historia.

9. El riesgo de la pérdida de perspectiva: se empieza abriendo fosas comunes y se acaba diciendo que un bando era bueno y el otro malo.

10. No ha pasado el tiempo suficiente. Todo el mundo sabe que la justicia no debe aplicarse hasta pasadas, al menos, 10 generaciones. Por aquello de no reabrir viejas heridas.

martes, 2 de septiembre de 2008

Desaparecidos

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Foto de la exposición Los Desaparecidos, en Antigua Guatemala

Hace unas semanas apunté en borradores del blog algunas ideas sobre la justicia internacional y sobre cómo particularmente la española se había convertido en un acicate de ex-dictadores y ex-torturadores (por ejemplo en el caso de Guatemala) pero hacía la vista gorda en casa, donde se estiman unos 30.000 desaparecidos de la Guerra Civil y el franquismo, muchos de ellos enterrados en cunetas.
Fue a raíz de ver a Garzón en una tele latina visitando en Colombia junto a otros jueces y fiscales extranjeros y locales fosas comunes de matanzas a cargo de paramilitares, objeto de investigación de la Corte Penal Internacional en el caso de que la colombiana se quedara de brazos cruzados.
Parece que ahora a este mismo juez, después de ver lo que ha visto fuera de casa, le ha dado por investigar algo que, en mi opinión, debiera haberse hecho hace décadas y que debe acabar con la impunidad, al igual que en otros países, de crímenes de lesa humanidad.
Escolar lo cuenta mejor que yo:
Desaparecidos. Fosas comunes. Torturas. Fusilados. Las palabras evocan el Chile de Pinochet, la Argentina de Videla. Duele reflejarse en ellas. Cuesta pensar en España como un país que esconde en las cunetas de sus carreteras los huesos de 30.000 desaparecidos, tal vez más.
La paja en el ojo ajeno. Desde que el Tribunal Constitucional determinó en el 2005 que los tribunales españoles pueden juzgar casos de genocidio y crímenes contra la humanidad, España se ha convertido en la corte internacional más diligente en la defensa de los derechos humanos. La Audiencia Nacional investiga los abusos de las tiranías en China, Guatemala, Ruanda, Argentina o Chile. Cuanto más lejos, más grande es el milagro. La Audiencia Nacional se atreve con todo, menos con los crímenes de los llamados “nacionales”. Asusta más un Franco muerto que un Pinochet vivo.

Un aplauso para Baltasar Garzón, pues ya era hora. Aunque el paso dado llegue tan tarde y sea aún tan escaso. De momento, el juez se limitará a elaborar el censo pendiente del genocidio, desde el golpe de estado hasta la muerte del dictador. Sólo será la dolorosa lista de crímenes, no el castigo para los criminales. Tantos años después, y ni siquiera hemos limpiado esa mínima mugre. Tantos años después, y ni siquiera sabemos los nombres de las víctimas, de los desaparecidos.
Algunos dirán que para qué remover el pasado. Por qué no pasar página. El drama es que no hablamos de pasado, sino de presente. Los muertos aún están ahí, en las cunetas. Sus familias aún están ahí, en los juzgados. Tras treinta años de amnesia democrática, tras tres décadas de su sacrosanta transición (sin pecado concebida), la memoria se pudre. Como se pudre la sociedad que permite que una viuda no pueda enterrar a su marido.

lunes, 21 de julio de 2008

Antigua

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Ir a Antigua descoloca a cualquier viajero que provenga de casi cualquier otro punto de la geografía guatemalteca: arquitectura colonial, bares con estilo, mil tiendas, mil flamantes carros, cafeterías regentadas por gringos, perros con collar y correa, mercados de artesanía, completas librerías, toda suerte de hostales y farmacias.

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En Antigua me cuesta generar sentimientos positivos. Son muchas las sensaciones contradictorias. Todo está enfocado al turista. Se trata de una burbuja de "felicidad", consumismo, buen rollito.

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Se puede disfrutar de buena música en directo acompañado de una bebida en un entorno agradable si uno es capaz de desconectar del pase de fotografías almacenadas en la memoria más reciente. Pero cuesta.

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Encontré varias cosas positivas:

- Un personaje interesante de quien aprender acerca de la realidad literaria, histórica, social y política chapina.
- Un buen concierto de música gringa (Café No sé).
- Un puesto de instrumentos musicales de calidad (quenas, ocarinas, zampoñas...).
- Y un inesperado encuentro con una persona admirable por su labor social y profesional: James Rodríguez (¡pedazo de fotógrafo!). Gracias a él visitamos una exposición sobre los Desaparecidos en el Centro de Cooperación Española.

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Luego, más tarde de lo previsto, volvimos a Santiago. Mucha lluvia y niebla en la oscuridad de la carretera. Parada para que el estómago deje de rugir en Patulul. Hay fiestas. En el escenario una orquesta verbenera pero nadie baila. ¿Será la lluvia o será que aquí nunca bailan?

Aquí, ya en Santiago, la lluvia no cesa. Me dicen que 12 personas de una misma familia han muerto en la zona más pobre de Zacapa por un alud. Inevitablemente pensamos en las cientos de familias que aún viven en los albergues provisionales de Panabaj tres años después del Stan.